El dolor de las madres que perdieron a sus hijos, en un altar

La artista mexicana Betsabeé Romero presenta su más reciente trabajo: "Con el dolor y la fragilidad".
Instalación en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.
Instalación en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. (Especial)

México

En las obras de la artista mexicana Betsabeé Romero ha quedado de manifiesto su preocupación por la coyuntura violenta por la que atraviesa el país y su transgresión ante lo establecido. Altar de Dolores: Con el dolor y la fragilidad, su más reciente intervención, no es la excepción.

La muestra, que permanecerá abierta hasta el 11 de mayo en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, retoma la tradición de los altares de Dolores durante Semana Santa y los contextualiza alrededor del sufrimiento de las madres de los migrantes mexicanos y centroamericanos que han muerto al intentar pasar la frontera con Estados Unidos, o de aquellas que han visto desaparecer a sus hijos por la guerra contra el narcotráfico.

A lo largo de su trayectoria, Romero ha realizado más de 30 exposiciones individuales en México, Estados Unidos y Europa principalmente, entre las que destacan las realizadas en el Museo Amparo en Puebla, MARCO y Museo de Monterrey, Canberra University Museum, el Museo Carrillo Gil y el Museo de la Recoleta, en Buenos Aires, entre otros.

Su trabajo se ha caracterizado por la elaboración de un discurso crítico acerca de la resemantización local y cotidiana de símbolos y ritos de la cultura del consumo global. Además se ha interesado en abordar el arte público, su permanencia y relación con el tejido social.

En entrevista con MILENIO, posterior al recorrido para prensa que hizo ayer para mostrar su exhibición, Betsabeé habla de las motivaciones que la llevaron a hacer este nuevo trabajo.

¿Cómo surge su altar del dolor y por qué contextualizarlo en el sufrimiento de las madres mexicanas y centroamericanas que han perdido a sus hijos?

La realización de altares es una tradición que ha venido desde el siglo XVI y que se ha perdido un poco en algunas zonas del país. Desde el principio tuvo que ver con el dolor de una madre que pierde a su hijo. Es una celebración muy mariana, muy de las mujeres que sufren, y que nos da mucho qué pensar sobre lo que está sucediendo ahora. La mujer en nuestro país tiene un rol de sustento emocional fuerte. Debe padecer, sobrevivir y luchar contra las pérdidas, especialmente en esta época de tanta violencia. En este caso no quise representar a una sola virgen dolorosa, sino a las miles de dolorosas que padecen la pérdida de sus hijos desaparecidos o muertos, y que tienen esto como su símbolo de lucha, para que esto no vuelva a suceder. Esto hace diferente a mi altar: no es un altar como la representación del viacrucis, donde se aprecia el dolor, las heridas, la violencia, sino que aquí se busca que ese dolor germine en la conciencia y recuerdo de la gente; lo que, por otra parte, nos permite seguir adelante.

¿Usted cree que ese dolor ha germinado en la sociedad mexicana y la ha hecho consciente de la actual situación que se vive?

No lo suficiente. Debemos recordar que somos colectividad. Es parte de la invitación de este altar. Es un homenaje a ellas y su lucha.

A lo largo de su trabajo artístico hay una preocupación por abordar temas relacionados con la violencia en nuestro país. ¿Tiene contacto con algunas de las organizaciones de madres que surgieron en los últimos tiempos?

Todas las personas podemos involucrarnos con este tema sin pertenecer a una organización. Soy lectora de los testimonios que surgen periodísticamente y veo documentales al respecto. Un amigo hizo una película sobre Ciudad Juárez. Yo he hecho obra esa ciudad fronteriza y la situación que ahí se vivió. A
la exposición vino una persona del Comité de Madres de Juárez. No la invité directamente, pero aquí estuvo casualmente. Este es un tema que definitivamente nos concierne a todos.

En el altar hay una serie de fotografías de distintas mujeres. ¿Cómo las escogió?

Especialmente hay imágenes de madres de Ciudad Juárez, del Estado de México, donde el feminicidio es terrible; de Oaxaca y de muchas migrantes centroamericanas. Hay mujeres de la frontera sur, el sur como una frontera que me avergüenza.

En su intervención usted emplea papel picado, llantas, velas fotografías... háblenos de los materiales.

Hay tres elementos que diferencian este altar contemporáneo de los tradicionales, que buscaban ser suntuosos. En los altares se usa el dorado, morado y blanco. En este caso, el dorado lo empleo sobre las llantas recicladas de la basura y las velas; hay papel picado, cerámica y esferas de vidrio soplado que buscan semejarse a las lágrimas de la virgen. Las lágrimas pican y hieren la cara a raíz de la violencia que ha surgido en México. De todas formas, pienso que de esa violencia y tragedia se puede rescatar y construir algo nuevo. Este tipo de altares son un mínimo refugio y resistencia para hacer que la conciencia, el recuerdo y la generosidad colectiva, que apoya a las madres que están sufriendo, nos puedan ayudar en algo.