Entre la nostalgia y la búsqueda de la identidad

De la sequía ganadera a la vida de los seris, de la huelga actual en la legendaria mina de Cananea a la historia del mezcal y el bacanora, y de ahí a la diversidad sexual entre los vaqueros, esta ...

Ciudad de México

Jóvenes cineastas sonorenses se han dado a la tarea de producir —por separado— una serie de documentales que dan cuenta de importantes cambios sociales en su entidad sin alejarse del tratamiento de aspectos relevantes, como la discriminación, los conflictos laborales y la búsqueda de una identidad propia en un contexto severamente influenciado por la cercanía con los Estados Unidos.

La Muestra de Documentales de Sonora 2013. Visiones en el desierto, está integrada por los filmes En tierra de vaqueros, de Oliver Rendón; Tierra partida, de Jairo Alberto Martínez; El imaginario y su túnel, de Javier Quiñones Sánchez; A flor de tierra, dirigida por Lucia Antares; Los viejos del mezcal, de Karen Silva y Jaime Villa, y Fuimos gigantes, de Víctor E. Navarro.

En el caso de Tierra de vaqueros, la cinta enseña cómo a pesar de que Sonora es un estado que se caracteriza por sus hombres ensombrerados, luchones y de carácter recio, también existen preferencias sexuales diferentes, y que al igual que en todas las sociedades, enfrenta la discriminación y la violencia.

El realizador expone algunos de los avances logrados por la comunidad lésbico gay en Sonora, "que son importantes a nivel local, pues involucran la aceptación por parte de nuestras familias y amigos, pero que en el contexto nacional nos encontramos apenas en el inicio de este proceso, lo cual resulta preocupante, pues existe mucha violencia contra nosotros, a pesar de que como vemos en el documental, muchos poseen un aspecto rudo, de norteño clásico, pero con prácticas sexuales que no son aceptadas por la sociedad en general".

Por otro lado, Tierra partida aborda las consecuencias de una prolonga sequía, "dicen que es la peor en los últimos 70 años", señala uno de los rancheros entrevistados en el filme, cuya expresión de desesperanza en el rostro sintetiza el sentir de sus vecinos, pues han visto cómo son abandonados por las autoridades, mientras la naturaleza se mantienen inflexible y les ha negado las lluvias. Los ganadores viven de manera resignada, dubitativos frente a los dos posibles escenarios de solución: migrar ilegalmente a Estados Unidos o viajar a alguna ciudad... "pero ninguna de las dos nos gustan —continúa el entrevistado—, pues en el norte no nos quieren y en las ciudades nos costaría mucho conseguir trabajo, pues lo único que sabes hacer es criar ganado. Así que ésta es nuestra tierra y aquí nos quedaremos".

IDENTIDAD LOCAL

La serie es resultado de dos diplomados impartidos y coordinados por el Instituto Sonorense de Cultura (ISC). Por su calidad, algunos han ganado premios en diversos festivales y forman parte de un proyecto más amplio que el ISC impulsa desde hace un par de años; algo inédito en la entidad, según afirma la directora del organismo, Poly Coronel Gándara. "Con esta serie de talleres buscamos ofrecer opciones para profesionalizar (las obras de los cineastas) así como generar una lectura actualizada de las condiciones sociales que perviven en la entidad. Los materiales mostrados en este ciclo ya han sido proyectados en el Distrito Federal dentro de festivales como el Docs DF y en Morelia, donde han recibido premios, pero sobre todo el público se ha mostrado muy interesado en ellos.

"Nuestro siguiente paso es encontrar instituciones u organismos, gubernamentales o no, para que sean proyectados en todo el país; también planeamos ofrecerlos como descargas por internet y desde luego alguna edición en DVD. Mientras tanto seguiremos llevándolos a las ciudades donde nos inviten. Todos son muy distintos entre sí, coinciden en la calidad con que fueron realizados y en cuanto a su contenido, éste fue desarrollado en completa libertad, de ahí que el resultado nos ofrezca un panorama interesante y actual sobre la sociedad sonorense actual".

En otro sentido, dio a conocer que el ISC trabaja en la construcción del Centro de las Artes Cinematográficas de Sonora, donde reunirán materiales fílmicos hechos en la entidad, así como ejemplos de películas filmadas en sus distintas regiones, pues han detectado que el público cuenta con abundantes películas caseras así como la propia filmación de cintas nacionales o extranjeras.

CON ACENTO NORTEÑO

Algunas de las películas más representativas contienen un perfil vinculado a la denuncia, como es el caso de A flor de tierra, de Lucia Antares, una puesta al día sobre la huelga actual de mineros en Cananea, donde hace más de un siglo ocurrió el movimiento obrero que cambió el rumbo de la historia de México, con la diferencia de que en el nuevo conflicto laboral aún no se resuelven las demandas de los trabajadores.

"Este documental —explica la cineasta—, es una ventana a las voces de los nuevos mineros en Cananea, pero también para los de tradición y los que están en lucha por proteger el legado de sus ancestros.

"La idea de esta película surgió porque me dí cuenta de que en mi familia hay algunos trabajadores que son considerados por sus compañeros como 'esquiroles', algo que en principio no fue agradable pero que dio pie a una reflexión acerca de lo que en realidad ocurre en la mina de Cananea, en huelga desde junio de 2013, y cómo los pobladores han logrado sobrevivir y adaptarse a esta situación. La empresa —Grupo México—, claro ya abrió de nuevo la mina con otra denominación social y contratando a otros trabajadores, sin importar si ellos son de la región o no, algo que ha divido a los vecinos pero también a abierto la posibilidad de tener nuevas relaciones laborales. Por ejemplo, por primera vez en su historia han incorporado en su fuerza laboral a mujeres. Traté de incluir todas las voces involucradas en el conflicto en la película, pero no todos accedieron, en particular los representantes legales de la mina. Aun así considero que hemos logrado un registro interesante de cómo un movimiento de huelga importante para el país se repite a más de 100 años, pues los mineros de hoy demandan derechos similares a los de 1906".

En los documentales se incorporan también las leyendas y las tradiciones orales. Así ocurre en El imaginario y su túnel, de Javier Quiñones Sánchez, y Fuimos gigantes, de Víctor E. Navarro.

El imaginario y su túnel se mueve entre la realidad y la imaginación generada por los pobladores de Ures, antigua capital de Sonora, donde existe una leyenda sobre la existencia de amplios e intrincados túneles construidos durante la época de la Colonia y en la Revolución, con propósitos diversos que van del resguardo de provisiones o personas, hasta para encerrar oscuros secretos. Las explicaciones de los pobladores incluyen las de personas que aseguran haber entrado en uno de esos túneles, así como las de cronistas locales quienes sustentan sus opiniones en registros históricos locales que documentan la imposibilidad de su existencia... desde luego, las contradicciones están a flor de piel, por lo que el humor o la ironía son los hilos conductores de la narración.

Fuimos gigantes, de Víctor E. Navarro es un documental filmado en la comunidad indígena de Comcáac o Seri, que posee una rica mitología según la cuál sus ancestros fueron gigantes y la tierra firme fue creada gracias al heroísmo de una tortuga caguama. El cineasta en esta cinta lleva al espectador por intensos pasajes que lo mismo dan cuenta de los testimonios de los habitantes del lugar, que ilustran mediante animaciones la explicación de este mito ancestral.

Por último, Los viejos del mezcal, de Karen Silva y Jaime Villa, da cuenta de una tradición con más de 300 años en la sierra de Sonora, la elaboración de el bacanora, producto prohibido a principios del siglo XX, que al ser liberado por las autoridades hace más de 20 años, se convirtió en una de las principales actividades económicas en la región.