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En el documental 'Alive Inside' la mecánica de Dan Cohen es muy simple: lleva un reproductor mp3 y les pone unos audífonos a los ancianos, con la música que solían escuchar de jóvenes
El fenómeno de la recuperación de memoria y ánimo lo estudió Oliver Sacks en su libro Musicofilia.
El fenómeno de la recuperación de memoria y ánimo lo estudió Oliver Sacks en su libro Musicofilia. (Especial)

México

Hay que ver a esos viejos alzarse de su postración y minusvalía, convertirse de nuevo en personas y salir de esa triste cosa que llaman demencia senil. Eso pasa en Alive Inside (que se puede ver en YouTube), un estupendo documental de Dan Cohen, fundador de Music & Memory, una encomiable institución que busca penetrar por los entresijos de un sistema de salud desalmado, duro, insensible, que trata a las personas como cuerpos que se mantienen con píldoras. La mecánica de Cohen es muy simple: lleva un reproductor mp3 y les pone unos audífonos a los ancianos, con la música que solían escuchar de jóvenes. De plano, se puede ver cómo les regresa el ser y de sus propias tinieblas emergen como personas de nuevo: han recuperado de pronto áreas enteras, sustantivas, de la memoria y, con ellas, la voluntad de platicar, expresarse, estar con quienes aman.

El fenómeno de la recuperación de memoria y ánimo, por vía de la música, ya era conocido. Oliver Sacks se ocupó de ello en un libro notable: Musicofilia. Relatos de la música y el cerebro (Anagrama). Durante mucho tiempo, Sacks investigó los efectos y mecánica de los neurotransmisores, en especial, la dopamina: La película Awakenings (Despertares, con Robert De Niro y Robin Williams) es la historia de sus hallazgos, primero felices y después melancólicos. Bioquímica, neurología, psiquiatría y mucha ciencia pero, como dice uno de los psiquiatras del documental al atestiguar el efecto de la música: "No hay fármaco que pueda hacer eso", mientras observa a su paciente hacer a un lado la caminadora y ponerse a bailar por propias fuerzas.

Me gustaría imaginar que las formas de la educación pudieran reconocer que la música no es solamente un placer sino el mejor recurso para activar conjuntamente grandes zonas del cerebro. Con eso debiera ser suficiente para iniciar una educación musical seria y significativa en el programa de estudios. Pero voy más allá. Cuando Platón (República, 425a) pone en boca de Sócrates la necesidad de que todos aprendan música, la explicación que ofrece es simple, directa y a la vez, clara (para quien entiende la música) e inescrutable (para el resto de nosotros): es indispensable porque "a través de la música se comprende la justicia (o la ley)". Así de crudo y directo, así de oscuro.

Y es que la música exige la imaginación de dos cosas que no se aprenden con otros recursos: la armonía (esa relación de cosas entre sí, que hallan acomodo o disuenan) y, sobre todo, el tiempo: no como variable física o cuantificación secuencial sino la evolución en la naturaleza y en nuestra percepción del mundo y de nosotros mismos. La percepción del ser y sus acontecimientos requiere a la vez la repetición y el cambio. La física no distingue entre un segundo y otro; los actos humanos, al contrario, tasan los momentos según un orden distinto, de valor o importancia, de pertinencia o no, de significación en un sentido propio. De modo que por ambas vías: ya porque prepara a los niños para el desarrollo de la inteligencia y la comprensión de analogías, ya porque restaura cerebros de ancianos, me gustaría imaginar que la música pudiera ser de nuevo fundamental para nuestra educación y en nuestra vida social.