Disecciones: una fusión del cuerpo y las letras

La propuesta, basada en cuatro experiencias, tiene la colaboración del dramaturgo José Ángel Gallardo y la coreógrafa Rossana Filomarino. 
La pieza reafirma la idea de que entre las artes no hay barreras.
La pieza reafirma la idea de que entre las artes no hay barreras. (Especial)

Ciudad de México

De la impotencia al placer del tacto. De ahí a la ira contenida y luego al misterio de quién soy.

Estas son las explosiones escénicas que vive el espectador de Disecciones, una propuesta que fusiona el lenguaje del cuerpo y las letras.

Se trata de una colaboración entre el dramaturgo José Ángel Gallardo y la coreógrafa Rossana Filomarino, quien explica: “El espectáculo no tiene anécdota, sino que está basado en cuatro direcciones, cuatro experiencias sobre las que elaboramos un trabajo físico”.

Es decir, es el cuerpo explotando hasta las últimas consecuencias cada una de esas cuatro situaciones.

En la primera, por ejemplo, el espectador se ve de frente con un hombre atado a algo que nunca queda claro qué es. “Puede ser su propio yo”, explica Filomarino. Por supuesto, ese cuerpo intenta liberarse, conocer su condición de hombre.

“Poco a poco, se rebela contra su situación pero lo hace una manera animal”. A través del lenguaje corporal se provoca en el espectador la primera detonación emocional: el cuerpo habla de ataduras y libertad.

Disecciones se presentará el 9, 11 y 12 de febrero en el Teatro de la Danza del Centro Cultural del Bosque. Para Filomarino, es una continuación del trabajo que ha hecho durante varios años, durante los cuales ha experimentado para “exprimir” la mayor cantidad y calidad de emociones posible al cuerpo humano a través de la danza.

“El espectáculo se creó el año pasado y la apuesta es una vez más, como en toda mi obra, que el cuerpo hable de lo que queremos expresar con un máximo rango de fisicalidad, que a su vez es generada por una emotividad interna”.

Puesto en cuerpo, eso significa, en el caso de la segunda experiencia propuesta por Disecciones, una transformación completa de ese personaje al que vimos liberarse a partir de una actitud animalista. “Ahora lo vemos en un ambiente de tono lírico donde se habla del placer del tacto. Los movimientos se vuelven muy duros y ásperos”, explica la coreógrafa.

La detonación, sin embargo, va en dirección opuesta: “Se logra una suavidad muy conmovedora”, describe Filomarino, para quien el mérito del montaje es haber compenetrado el trabajo de las letras de Gallardo con el cuerpo del bailarín más su propuesta dancística.

La pieza reafirma así la idea de que entre las artes no hay barreras, y que por el contrario, son cómplices para innovadores proyectos escénicos.

En ese trabajo, el tercero de los movimientos es quizá el más fuerte, de acuerdo con la propia Filomarino: “Es el clímax, es un sentido de rabia, de impotencia. Y el destinatario de esa ira lo puede poner el espectador. Pienso que es la ira contenida que tenemos todos nosotros en esta nueva era que estamos viviendo. El cuerpo muestra aquí la explosión de esa sensación”.

El último trazo es un paso lento, a otro tiempo y en otro ritmo. Es el cuerpo siendo consciente del paso del tiempo que se detiene. “En ese lapso aflora el regreso de lo que fui, hay un flash back hasta llegar a la metáfora de una puerta atrás y en la cual no sabemos que hay”.

Al final no quedan sino sensaciones potentes. “La obra no propone medios tonos”, asegura Filomarino, quien explica que el espectáculo partió de los movimientos que ella propuso. Luego vino la experiencia física del bailarín y finalmente los textos de José Alberto.


MRF