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Sábado , 23.06.2018 / 07:09 Hoy

Diez años del CMMAS

Vibraciones.

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Hugo Roca Joglar

Porque convierte el sonido en materia —y permite, por lo tanto, manipular sus parámetros a través de la tecnología—, la electroacústica es la revolución más importante en la historia de la música moderna.

Que su exploración en México no tenga cabida en la programación de los grandes teatros y se produzca en ámbitos cerrados, ante público escaso, es una profunda deficiencia cultural y educativa que el Centro Mexicano para la Música y las Artes Sonoras (CMMAS), a lo largo de sus diez años de historia, ha combatido.

Se trata de una lucha ardua y atípica que acontece sobre distintos tipos de campos, desde el de la formación técnica (enseñarle a un artista plástico cómo incorporar el sonido en su obra) hasta el de la transformación social (lograr que los jóvenes se acerquen a las nuevas tecnologías con hambre de creación y no de consumo).

Una lucha en la que Rodrigo Sigal, fundador y director del CMMAS, es protagonista.

—¿Qué ofrece el CMMAS?

—Un ambiente de reflexión en torno al sonido en donde tanto estudiantes como profesionales reciben una formación sistematizada sobre el uso de las nuevas tecnologías.

—¿Cuál es la relación entre el CMMAS y las escuelas de música?

—Somos una contraparte de festivales, escuelas y conservatorios. La idea es que no tengan que abrir sus propios laboratorios y nosotros les proveemos contenidos actualizados sobre lo que ofrece la música y las nuevas tecnologías. Por ejemplo, ofrecemos clases a nivel licenciatura, maestría y doctorado en alianza con el Conservatorio de las Rosas, la Universidad Michoacana y la UNAM.

—¿Además cuentan con esquemas propios de formación académica?

—Contamos con un diplomado en herramientas y composición con tecnologías que se compone de quince módulos.

—¿Su oferta está dirigida exclusivamente a músicos?

—No es necesario haber estudiado música. Lo que es necesario es un interés en las nuevas tecnologías. En el caso de artistas de otras áreas, trabajamos con bailarines, gente de video y músicos populares que no leen partituras. Lo interesante es que en el CMMAS pueden encontrar nuevos métodos de expresión con el sonido sin la idea formal de leer una partitura. Han encontrado el proceso que la tecnología les abre para ser mucho más libres que con la partitura. También tenemos un programa (Acércate) en donde ofrecemos un acercamiento práctico —y no artístico— al sonido. Recibimos a jóvenes de Michoacán y les enseñamos a utilizar la tecnología como medio de expresión: a hacer podcast, guiones para radio o a editar videos y a distribuir este contenido a través de sus celulares. El punto central de estos acercamientos sonoros es mostrar que toda la tecnología digital que nos rodea no es nada más una ventana para consumir, sino que debe ser una posibilidad para crear contenidos propios.

—¿Hay alguna diferencia entre una pieza de arte sonoro creada por un compositor de formación y un artista proveniente de otra disciplina, por ejemplo de la plástica?

—Una pieza de arte sonoro es una pieza de arte sonoro. Ni la teoría, ni la práctica, ni la experiencia de los artistas tienen que ver en el resultado desde el punto de vista de la etiqueta. Lo que tiene que ser importante es apropiarse de las tecnologías para poder reutilizarlas desde una perspectiva artística y eso es lo que el CMMAS tiene como objetivo principal.

—¿Cómo celebrarán estos diez años de historia?

—Con una serie de 50 conciertos gratuitos (el primero aconteció el 29 de enero) en los que el público podrá conocer propuestas súper interesantes de música y tecnología de artistas mexicanos e internacionales. La idea es que estos conciertos expongan el resultado que han tenido nuestros estudiantes, becarios y maestros en este lapso. Los festejos terminarán con nuestro festival anual Visiones sonoras, a principios de octubre. En esta edición celebraremos la reunión internacional de la Organización Internacional de Música Electroacústica de la UNESCO. Tendremos la visita del compositor argentino Horacio Vaggione y estrenaremos varias obras comisionadas a grandes artistas, como Javier Álvarez.

—¿La continuidad del CMMAS está asegurada?

—No. Hay un compromiso fantástico de las instituciones, de la federación y del estado de Michoacán. Han sido realmente receptivos. Pero la continuidad depende de la coyuntura política, pero sobre todo de nuestros resultados. Año con año hay una evaluación. La continuidad depende de que en este décimo aniversario demostremos que podemos seguir siendo una institución que pone su granito de arena para restablecer un poco la credibilidad del arte como medio de expresión y de reconstrucción del tejido social. A partir de eso, podremos defender el por qué del CMMAS y asegurar su continuidad.

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