La dieta del beodo

Un texto de Ana Ruiz en torno a Sobrebeber, de Kingsley Amis.
Kingsley Amis, escritor, profesor y crítico inglés.
Kingsley Amis, escritor, profesor y crítico inglés. (Archivo)

Ciudad de México

El primero, y prácticamente único, requisito de una dieta es perder peso sin reducir la ingesta etílica en lo más mínimo. Bueno, también debe imperar la sencillez: nada de listas, mesas, menús o recetas. Nada de todas esas páginas repletas de bobadas que suelen acabar (acabar, tras haber malgastado el tiempo invertido en leerlas) con lo de “y, por supuesto, nada de alcohol”, dicho en un tono de falsa disculpa ante algo tan simple. ¿Por supuesto? ¿Nada de alcohol? Pero ¿por quiénes nos toman?

Esta dieta me hizo perder algo más de seis kilos en tres meses, o lo que habrían sido tres meses si no hubiese metido la pata de vez en cuando con un curri o un pastel de frutas. Se trata de la pérdida más rápida desde el punto de vista facultativo, lo cual me recuerda que debéis consultar a vuestro médico antes de emprender el régimen en cuestión. Nadie (ni siquiera su viuda) podrá demandarme por haber propiciado deformaciones óseas, envenenamiento etílico, diabetes, beriberi o cualquier otra dolencia, enfermedad o malestar de ningún tipo.

El plan parte de la base de que

P. G. 10: Comer engorda.

Casi todas las dietas empiezan con la exclusión del pan, las patatas y el azúcar. Ésta también excluye la fruta y las verduras, o casi. Pero tened bien presente que incluye la bebida.


La comida diaria

El desayuno consiste en un pomelo entero y sin azúcar; si no hay más remedio, recurrir a un edulcorante artificial. Té o café (con el mismo edulcorante). Un huevo pasado por agua, si de verdad tenéis una larga mañana por delante. Ni pan normal ni tostado, y eso incluye ese bocado que pensabais darle a la tostada de la mujer. ¡Ni te acerques, te digo!

El almuerzo y la cena consisten en una selección de sopas ligeras, huevos, pescado de todo tipo, carne, pollo, caza, etc., y queso (se permite la mostaza y la salsa Worcester). Nada de salsas espesas ni de embutidos. El té o el café son obligatorios. Comed toda la sal que os plazca. Algunas dietas la desaconsejan, con la teoría de que la sal propicia la retención de líquidos y, por consiguiente, el engorde. Es cierto, pero inútil, a no ser que seas tan titánico que unos gramos de más te maten al intentar levantarte de la silla. En cualquier caso, siempre puedes volverlos a perder donando sangre o cortándote el pelo.


Notas. (1) Elige un edulcorante que combine la sacarina con algo de azúcar, para que sepa a algo. Consulta al farmacéutico.

(2) La mostaza y la salsa Worcester sirven para que lo que se te permite comer no te resulte tan anodino. Y además, ambas irritan el intestino grueso, proporcionándote ese efecto laxante que tanto necesitarás con una alimentación reducida. A este efecto, no te olvides de la cebolla (sin freír).

(3) Otra ventaja sustancial de la dieta es que te puedes ajustar bastante a ella aunque comas fuera de casa, que es cuando se ponen a prueba las dietas. A no ser que disfrutes dedicando la mayor parte de la comida a comentar tus problemas de peso con los demás comensales, di que tu reciente aversión a la verdura, la fruta, las salsas espesas y demás se basa en los consejos de un siquiatra o en una conversión religiosa, pero que no te apetece hablar del asunto en esos momentos.

(4) Otro consejo a la hora de comer en restaurantes: pide algo que odies o que sepas que hacen fatal. Tras unos pocos bocados de pollo Kiev o buey Stroganoff (dos de los platos que menos me gustan), habrás satisfecho el apetito. No te dejes retirar el plato por el camarero y disfruta de su presencia mientras tus compañeros piden y comen a dos carrillos sus pasteles, sus crepes Suzette y otras delicias semejantes.


La bebida diaria

Tema mucho más alegre. Aunque tu ingesta de alcohol se mantendrá completa, como te prometí, deberías privilegiar ciertas bebidas en detrimento de aquéllas que harías bien en abandonar.

1. Tanto el vino como los licores deben ser todo lo secos posible. Aunque sepa mucho mejor, el sauternes engorda más que un blanco de Borgoña. De la misma manera, mantente alejado de los licores dulces; lo cual, dicho sea de paso, también te será útil a la hora de la resaca.

2. Evita los aditivos no alcohólicos, aparte del agua y la soda. Puede que unas tónicas afecten menos a tu figura que otras, pero no he llevado a cabo los preceptivos experimentos a este respecto. Los zumos, sobre todo el de tomate, engordan mucho.

3. Bebe cerveza para diabéticos o baja en calorías; aún mejor si lo puedes hacer a la hora del aperitivo o después de la cena. Hay una excelente que se llama Diät Pils (diminutivo de Pilsner, no de píldora) y que se puede conseguir en algunas tiendas y colmados o, directamente, pidiéndola a Holsten Distributors Ltd. 63, Southwark Park Road, Londres SE16. No faltan los merluzos que consideran esta cerveza artificial, falsa, etc.; si os encontráis con alguno, consultad el P.G. 7 e ignoradle. Diät Pils lleva una razonable cantidad de alcohol, es de aspecto agradable y sabe tan bien como la mayoría de cervezas correctas; y también es absolutamente fiable, pues cuenta con la aprobación de la Asociación de Diabéticos Británicos. De acuerdo, sale un poco carilla, pero yo creo que vale la pena el gasto.

4. La ciencia del alcohol está llena de estupideces. Te dirá, por ejemplo, que la bebida no te reconforta realmente, sino que te hace sentir esa impresión... Ah, ya veo; y luego dirá que el alcohol no es un estimulante, sino un depresivo, lo cual acaba queriendo decir que deprime actitudes como la timidez y la autocrítica, lo cual te hace actuar como si hubieras sido estimulado... Pues muchas gracias. En esa misma línea, la supuesta ciencia sostendrá que el alcohol no es que te engorde, sino que pone en marcha un proceso al final del cual pesas más. En cualquier caso, la bebida fuerte engorda más que cualquier otra cosa que te entre por la boca, a excepción del cemento. Si puedes afrontarlo, si quieres de verdad adelgazar con rapidez, si no te gusta abrocharte la bragueta de los pantalones en un ángulo de 45 grados en vez de verticalmente, reduce el consumo de bebidas fuertes. Lo cual te ayudará, además, a mejorar tu salud en general.


Cuán poderosa es la cerveza. El corazón roto por la pesadumbre solo cuenta con un lenitivo infalible: la jarra.

Charles Stuart Calverley