¿Cómo insultar sin perder el glamour?

Porque insultar con verdadero ingenio puede convertirse en todo un arte, te contamos cómo te puedes desquitar de esos pelafustanes que te traen de bajada sin perder la elegancia.

Ciudad de México

¿A quién no le encanta decir palabrotas? El placer que suscita escupirle una que otra grosería al árbitro que ha marcado un penalti inexistente o al chistoso que spoilea el final de Game of Thrones no tiene comparación alguna.  

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Por supuesto, no todo insulto —quizá el recurso lingüístico que mejor dominamos los hablantes— es ofensivo: su intención dependerá en buena medida del contexto en que se pronuncie. Puede surgir de manera casi espontánea lo mismo en una conversación entre amigos, que durante la discusión más efervescente.

Pero el improperio también puede convertirse en una de las formas más agudas del ingenio. Ahí está el caso de Quevedo y sus celebérrimos versos dedicados a Góngora:

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

Convencida de que “no es necesario recurrir siempre a las palabrotas altisonantes” y de que se puede ser elegante mientras se le acomoda una cachetada verbal al que tiene la desfachatez de meterse con uno, Algarabía editorial compiló en el Diccionario de los insultos más de dos mil agravios que exaltan el delicado arte de insultar.

A continuación te compartimos algunos ejemplos:

ácrata. Partidario de la supresión de toda autoridad.

Esos ácratas de la Rebel no respetan ni a su madre.

avechucho. Se aplica con desprecio a una persona tonta e inoportuna.

El avechucho se largó con el erario y no dejó ni el polvo.

baldragas. 1. Charlatán. 2. Hombre flojo y sin energía.

El muy baldragas me copió las respuestas y nadie lo cachó.

bocaza. Persona indiscreta.

Ya me harté de este programa, las conductoras son unas bocazas

carilargo.  Persona con cara de disgusto o enfado.

Es un carilargo y así quiere ganar la elección

chambón. Poco hábil, torpe.

Ése es uno de los letristas más chambones en la historia de la música popular

dómine. Persona que se las da de maestro.

Tomás Boy siempre andaba de dómine y mira, terminó renunciando.

edulcorado. Embellecido o mejorado falsamente

Ricardo es un baldragas, escribe puras columnas edulcoradas

enconado. Persona terca y obstinada en su opinión

Cada vez que  Antonio se pone a hablar de cine se encona muy cañón

facistol.  Vanidoso, presumido y fanfarrón.

Se pone insoportable cuando gana el América, es un facistol.

farota. Mujer descarada y sin juicio

¡Qué farota eres! Apenas ayer terminaste con Roberto y ya estás saliendo con su primo.

gagá. 1. Anciano de poco entendimiento y bajo control de su lengua. 2. Persona anticuada y que huele a rancio

Deja que crea lo que quiera, ya está gagá.

guzgo, a. Glotón

¿Ya te comiste cuatro garnachas y todavía quieres postre, guzgo?

hético. Individuo muy flaco, casi en los huesos.

¡Come algo! Estás más hético que La Huesuda.

ignaro. Persona que no tiene noticia de las cosas, ignorante.

¿No te enteraste del desfile, ignaro?

jelenco. Tonto, simple, baboso

No me digas que te gusta Polo Polo, jelenco.

leño. Persona con poco talento y habilidad

No puedo creer que sigan convocando leños a la Selección.

mostrenco.   Persona que, por carente de gracia o torpe, provoca desprecio o enfado

Ya no quiero bailar contigo, eres un mostrenco.

nefando.  Persona de la que no se puede hablar sin repugnancia u horror.

¿De veras vas a votar por ese nefando trompudo?

ñaño. Consentido, mimado en demasía  

Mira tú, qué ñaño me saliste.

opado. Presumido

Qué opado te pones cuando sales con María

penco. Persona inútil o despreciable

Ya lárgate, aquí no queremos pencos.

quelite. Amante

Míralo, y pensar que hace un año nomás era su quelite

ramplón.  Vulgar, falto de buen gusto, de distinción o de originalidad.

Qué película tan ramplona, ya no las hacen como antes.

secatón. Sin gracia, soso

Belinda jura que su nuevo disco es buenísimo, pero a mí me parece muy secatón.

trápala. Persona que habla mucho y sin sustancia

—Tu presidente se ha vuelto muy trápala.

—No, así ha sido siempre.

 uyuyuy. Dicho de alguien que se cree mucho.

Desde que se casó con el gober anda muy  uyuyuy

verraco. Persona despreciable por su mala conducta.

Tu hijo es un verraco, qué mal lo has educado.

xongo. Desaseado, sucio

Por andar tuiteando todo el día ni te has bañado, xongo. 

yayero. Entrometido

Enrique es un yayero, de todo anda opinando.

zaino.  Traidor, falso, poco seguro en el trato.

Rafael es un zaino por andar con la chava que me gusta.



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