El arco, voz y dicción de instrumentos de cuerda: Itzel Ávila

La violinista organizó una gran exposición con piezas de sus colegas canadienses en la ESM.
La laudera explica a los visitantes las cualidades de cada pieza.
La laudera explica a los visitantes las cualidades de cada pieza. (Xavier Quirarte )

México

Itzel Ávila considera que los arcos para violines, violas, chelos o contrabajos son instrumentos: su funcionamiento es fundamental para lograr un buen sonido. Para mostrar las cualidades que sus colegas canadienses han alcanzado en estos objetos, presentó en la Escuela Superior de Música la Muestra de arquetería canadiense.

A la exposición acudieron alumnos y maestros de la ESM, así como músicos e interesados en los arcos construidos por Émmanuel Bégin y su hijo Louis Bégin, Éric Gagné, André Laveye y François Malo.

En entrevista con MILENIO, la violinista y laudera mexicana radicada en Toronto dice que su iniciativa es “difundir la arquetería y la construcción contemporánea. Creo que es importante escoger un arco que vaya con el instrumento que uno toca. Normalmente los músicos estamos preocupados, primero, por conseguir el instrumento, pero finalmente la dicción y la voz del instrumento es el arco”.

Los buenos arcos, explica la especialista, se construyen con pernambuco, “una madera tropical brasileña en peligro de extinción. Ahora se están construyendo con otros materiales, pero realmente el pernambuco le da un sonido al instrumento que no se logra con otro tipo de madera. Desde hace unos siete años se está reforestando la zona para cuidar el pernambuco, pero desafortunadamente es un material destinado a desaparecer”.

Además de los arcos, la muestra también incluyó información sobre el proceso de construcción, así como las materiales que se utilizan. “Todo es hecho a mano y todo está perfectamente calculado —asegura—. El peso ideal de los materiales es muy importante, y se debe escoger una densidad apropiada para cada instrumento, ya sea violín, viola, chelo o contrabajo. El secreto de un arco es un balance adecuado en su construcción, porque debe tener un peso específico, de eso depende la calidad. La crin es de cola de caballo, que debe ser macho, porque la hembra al orinar se moja y la crin se debilita”.

La tensión de la crin debe ser la adecuada, indica Itzel. “No puede ser muy tensa porque se puede tronar la vara, cuya curvatura es muy específica. El entorchado debe ser de plata, no por simple adorno, sino porque sirve para equilibrar el peso y el balance del arco —que no sea muy pesado en la punta o muy ligero en la base—. Hay pesos estándar para cada pieza. Por ejemplo, para violines lo ideal es que un arco pese de 59 a 61 gramos, pero cada uno de ellos puede sonar distinto de otro. Hay a quien le gusta un sonido más pesado, pero también el sonido depende de la técnica de ejecución”.

Los arcos barrocos, de los que solo trajo una pieza de muestra, son otra historia, añade la laudera. “De la pieza que traigo, la vara está construida con ébano. Se trata de instrumentos específicos para música barroca, porque es un periodo que se extiende ampliamente y hay distintas medidas de arcos. Los que he traído de mis colegas canadienses son de diseño contemporáneo”.

Itzel Ávila afirma que los lauderos suelen compartir sus conocimientos, por lo que, por fortuna, el oficio no está en proceso de extinción. “Me gusta mucho que a cualquiera de ellos que le preguntas cómo hace esto o aquello, te lo explica. Nos nutrimos de las experiencias de las otras personas: entre nosotros no hay secretos. Por eso la laudería puede seguir trabajando en la excelencia”.