• Regístrate
Estás leyendo: Días Feriados: Juro que estoy trabajando
Comparte esta noticia
Lunes , 15.10.2018 / 20:43 Hoy

Días Feriados: Juro que estoy trabajando

"En mis sueños, la FIL se muda a Puerto Vallarta y a las presentaciones vamos todos en traje de baño", dice Xavier Velasco.

Publicidad
Publicidad

“¿Cuándo llegaste?” “Ah... ¿y cuándo te vas?” Debo de hacer este par de preguntas nunca menos de 30 veces al día. Con algunos, es todo lo que alcanzo a conversar, de aquí a otro año de preguntarnos de nuevo lo mismo. Y no es que no me abunde la voluntad de echar siquiera una cerveza con cada uno de los que tanto gusto me da saludar (pues a los otros, claro, no les pregunto nada), sino que en estos trances no suele uno reinar sobre su agenda. Justo ahora, a la orilla de la alberca, gloriosamente aislado del resto del hotel, espero a que en cualquier momento se aparezca mi amigote Ray Loriga, que a ratos viene a fumarse un cigarro. O venía, en otra FIL, porque ahora con trabajos hemos podido hacernos las preguntas mágicas a medio pasillo.

Es un tanto jodido esto de ver de cerca a un buen secuaz y descubrirle quieto delante de una cámara, ya mero respetable de tan mustio, cabalgando la enésima entrevista. La mayoría, y muy en especial los extranjeros, va llegando entre sábado y domingo y regresa a su pueblo martes, miércoles, a más tardar el jueves. Es una pena, al cabo, pero qué va uno a hacerle, si aunque no lo parezca andamos trabajando. En mis sueños, la FIL se muda a Puerto Vallarta y a las presentaciones vamos todos en traje de baño.

TE RECOMENDAMOS: La historia como género narrativo: plática con Taibo II

No debería decirlo, pero me sale caro estar aquí. Una semana lejos del hogar y otra más deprimido por la cruda mental que sigue a la gran fiesta son una eternidad que mi novela en curso me cobrará con réditos, no bien regrese a ella con talante de esposo parrandero e implore de rodillas su perdón. Es celosa y neurótica, la novela en proceso. Cuando me ve llegar, después de tantos días de abandono, se me planta delante con los brazos en jarras y los ojos en llamas (esa clásica pose de azucarerita que asume la pareja del farol de la calle cuando lo ve volver de cada juerga). Me da por preguntarme, en esta situación, cómo se las arregla el autor trotamundos para hacerse excusar por su dulce tormento.

Cierto, hay unos que escriben cuando viajan, sin que el editor tenga que tronarles diariamente el chicote, como sería el caso aquí presente. Alguna vez vi a Élmer Mendoza decidirse, sin el menor titubeo, a permanecer la mañana completa en su cuarto de hotel en Río de Janeiro, impertérrito frente al monitor mientras por la ventana veía resplandecer la playa de Ipanema. Todos los narradores necesitamos de un capataz interno, pero siempre hay algunos más sobornables que otros. Seguramente el de mi amigo Élmer se entrenó en Israel y es evidentemente incorruptible, lo cual en parte explica la espectacular regularidad de sus entregas. Mi manuscrito, en cambio, jamás sale de casa. ¿Cuándo me va a creer que vine a trabajar?

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.