Al escribir de erotismo, les tiembla el pulso: Ramón Córdoba

Editores y escritores como Ramón Córdoba, David Miklos y Ana Clavel conversaron como parte de la segunda sesión del ciclo Todo sobre Arte. Letras que despiertan los sentidos.
“Si un escritor tiene como única herramienta la palabra, sería bueno que no le temiera", afirmó el editor Ejecutivo de Alfaguara, Ramón Córdoba.
“Si un escritor tiene como única herramienta la palabra, sería bueno que no le temiera", afirmó el editor Ejecutivo de Alfaguara, Ramón Córdoba. (Raúl Campos)

Ciudad de México

Para Ramón Córdoba, editor ejecutivo de Alfaguara, una de las censuras que sigue operando dentro de las editoriales es la que los autores ejercen sobre sí mismos, pues buscan plasmar dentro de las páginas de sus obras algo a lo que un lector pueda llamar erotismo, "pero les tiembla el pulso bien feo".

Lo anterior fue comentado durante la segunda sesión del ciclo Todo sobre Arte. Letras que despiertan los sentidos, presentada por el Hotel Sheraton María Isabel la noche del jueves pasado, y tuvo como tema central la literatura erótica.

Córdoba detalló que lo erótico tiende a manifestarse en dos polos dentro de las páginas literarias: primero, en aquellas repletas de mecánica corporal, de carnalidad y crudeza, "al grado de que si fuera posible exprimirlas chorrearían fluidos corporales", y, segundo, en las que están atestadas de metáforas, metonimias y "mitotes, en las que a duras penas se alcanza a ver que ahí hay contacto entre cuerpos".

"Si un escritor tiene como única herramienta la palabra, sería bueno que no le temiera. Por ejemplo: llegó a mi escritorio un texto que decía algo de hongos, y decía que estaban ahí tallándolos 'con un sombrero en forma de prepucio'. ¿Cómo es un sombrero en forma de prepucio? La palabra debería ser glande", comentó.

Aseveró que muchos autores prueban únicamente con las historias eróticas que escriben y hacen obvio a sus lectores que jamás han tenido sexo, y que inclusive no han investigado al respecto.

"Esta es una obra publicada, no daré nombre, que leí porque tenía fama de ser sumamente erótica y capítulo tras capítulo pensaba que ya me había curado de espanto porque la novela no me hacía ningún efecto. Pero cuando llegué al capítulo ocho me di cuenta de que la autora no sabía, porque empieza en la clásica posición canina, y ella dice: 'Ay, cómo me fatigó tener mis muslos sobre sus hombros'. ¡Seguro que se lastimó!", explicó.

En su turno, David Miklos afirmó que para poder escribir sobre erotismo se deben ir quitando los velos que cubren el acto sexual, lo que considera como el origen del tópico, pues es necesario entenderlo como el origen de la vida. Entre más honestos seamos con dicha procedencia, comentó, "inevitablemente haremos algo tenga que ver con el buen erotismo".

Por su parte, Ana Clavel, autora de Las violetas son flores del deseo, expresó que pareciera que nos encontramos en una sociedad liberal; sin embargo, estamos en una situación de doble moral, ya que siempre existe un tironeo en torno a la censura relacionada en la forma en que existe el acercamiento aparentemente total de las cosas al público.

"Aparentemente todos tenemos acceso, pero se nos ponen muchas trabas: tú puedes decir lo que sea mientras lo hagas de una manera convencional, que no transgreda. Y lo que hace el fenómeno de Las 50 sombras de Grey es justo caer ahí, en ese tópico de que a todos nos interesa, pero hacerlo como telenovela sosa de la pobretona, que es medio perversa, con el millonario solo escamotea las cosas al público", concluyó.