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Miércoles , 16.01.2019 / 01:02 Hoy

Detrás del volcán

Malcolm Lowry recibió una carta de su agente literario, Harold Matson, donde le informaba que 12 editoriales habían rechazado el manuscrito de "Bajo el volcán".

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En septiembre de 1941 Malcolm Lowry recibió una carta de su agente literario, Harold Matson, donde le informaba que 12 editoriales (incluidas Alfred Knopf, Random House y Simon & Schuster) habían rechazado el manuscrito de Bajo el volcán, y le informaba que no creía poder encontrar ningún editor dispuesto a publicarlo. Lowry emprendió un exhaustivo trabajo de revisión, edición y reescritura, con el apoyo decisivo de su mujer, Margerie Bonner, quien desde el principio estaba convencida de estar frente a una de las obras maestras de la literatura universal. Tan es así que cuando en 1945 Lowry tuvo una nueva versión que mostrar a potenciales editores, Bonner escribió una carta a Matson donde así lo expresaba, añadiendo: “Por alguna razón, una obra de arte realmente extraordinaria siempre despierta o una hostilidad absoluta en las primeras personas que la ven, antes de que el tiempo las haya puesto en su lugar en el mundo del arte, o bien, en su defecto, simplemente una total incomprensión”.

La nueva versión fue aceptada por una de las principales editoriales del Reino Unido, Jonathan Cape, pero el editor del mismo nombre le comunicó a Lowry que, según un informe de lectura, el libro era demasiado largo, de estilo barroco, y tendía a divagar, por lo cual pretendía realizar un sustancial trabajo de edición y adelgazamiento previo a su publicación. Si Lowry se negaba, aclaró Cape, ello no necesariamente significaba que no lo publicaría, pero lo conminaba a aceptar los cambios para mejorar el manuscrito.

Lowry le respondió con una extensa carta, recopilada junto con todo el material anterior en el libro Malcolm Lowry. Detrás del volcán (Gallo Nero Ediciones), donde se da a la inusual tarea para un autor de defender puntualmente su manuscrito, capítulo por capítulo, explicando las distintas capas psicológicas, simbólicas, narrativas, e incluso aquellas que tienen que ver con cuestiones ocultistas, para exponerle a Cape que el libro era una unidad en el estado en el que guardaba, y que la mutilación de cualquiera de las partes supondría una grave pérdida para el conjunto. No sin cierta ironía, se preguntaba cómo podría complacer al lector ahondando en el flujo de conciencia etílico del cónsul Geoffrey Firmin, cuando al mismo tiempo se le solicitaba que aligerara la novela.

En realidad, el problema consistía en que el lector y el editor abordaban la novela desde una óptica pragmática, cuando para Lowry representaba la plasmación de “ciertas fuerzas existentes en el interior del hombre que le llevan a sentir terror de sí mismo”, y para explicárselo al editor recurrió, muy acertadamente, a una comparación entre dos tipos de bebidas alcohólicas: “Muy bien, yo no estoy hablando de buen vino sino de mezcal, y para beberlo, además del reclamo en la puerta de la cantina, una vez en el interior de ésta, el mezcal necesita acompañarse de sal y limón, y tal vez uno no lo bebería si no estuviera en una botella tan tentadora”.

Tras leer la carta de Lowry, Cape decidió publicar la novela tal y como estaba. En cambio, el lector anónimo se negó tajantemente a que fuera hecho público su informe de lectura.

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