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Despertares

Danza


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En días recientes se realizó en el Auditorio Nacional la gala internacional de ballet Despertares. Encabezada por el bailarín mexicano Isaac Hernández, primer bailarín del English National Ballet, acompañado por un nutrido grupo de bailarines de 14 compañías distintas entre los que se incluyó a su hermano Esteban Hernández, perteneciente al San Francisco Ballet.

La historia de Isaac y Esteban, quienes iniciaron sus estudios de danza con su padre en el patio de su casa, es inspiradora en más de un sentido, pues se trata de dos jóvenes promesas de la danza que lograron romper múltiples prejuicios: el de ser varones dedicados a una actividad concebida en la sociedad como esencialmente femenina, haber iniciado sus estudios profesionales fuera del esquema formal que los diversos sistemas formativos tienen para el ballet y el de haberlo hecho en el estado de Jalisco, al margen de la centralización que caracteriza la actividad artística en el país, para consolidar una carrera dentro de algunas de las compañías más destacadas en el mundo.

Su visita a México para realizar por cuarta ocasión dicha gala, supone una reflexión sobre la naturaleza y el papel del ballet como fenómeno artístico, pues ante el creciente interés que despierta, hay quien mira con optimismo el posicionamiento de la danza clásica como espectáculo masivo capaz de romper la barrera elitista que la ha caracterizado desde su origen.

Podríamos mirar con reservas el panorama. Es cierto que galas de esta naturaleza han proyectado al ballet para popularizarlo y acercarlo a un público diverso, sin embargo parece que dicha percepción entre el público se orienta hacia una actividad física virtuosa y deja de lado el potencial tanto introspectivo como comunicativo de la danza. El ballet es más que la ejecución de saltos y giros, y su finalidad rebasa, por mucho, la búsqueda del aplauso en cada evolución. La danza expresa y comunica, refleja realidades y proyecta las posibilidades de otras, reducirla a la búsqueda del aplauso es mutilarla.

Es un buen síntoma que carreras como la de Isaac Hernández inspiren a niños y jóvenes pero ¿qué posibilidades reales existen para conseguirlo en México?

No basta con popularizar la danza, se requiere sentirla y sobre todo pensarla. Ojalá que la danza inspire y evoque muchos despertares.


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