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Martes , 21.08.2018 / 19:36 Hoy

Desean que edificio de la SC lleve el nombre de Arroniz

Adriana Ruiz Razura recién publicó una inédita biografía del arquitecto e ingeniero jalisciense decimonónico autor, entre otros inmuebles, del edificio que ahora es sede de las oficinas de la SC. Este medio recorrió el inmueble con la investiga

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Escalinatas art nouveau, reminiscencias de arte romano, morisco y griego incrustado en los detalles es algo de lo que se puede encontrar en la arquitectura de Antonio Arroniz, quien lo dude puede visitar el edificio ubicado en las calles Reforma y Zaragoza, un inmueble que tiene como toque particular de su autor el ensamble de los ladrillos rojizos que él mismo fabricaba, con los cuales lograba erigir majestuosas viviendas y coronar sus creaciones con este sutil elemento en los arcos interiores. Por ello Adriana Ruiz Razura, investigadora de la Universidad de Guadalajara, tituló su último libro La impronta del ladrillo. Vida y obra de Antonio Arroniz Topete.

Publicado el año pasado por la Secretaría de Cultura (SC), el libro destaca la vida de la Guadalajara a finales del siglo XIX, despliega aspectos de la vida y obra del ingeniero oriundo de Ameca, Jalisco y rescata de varios archivos los detalles en torno a la construcción del edificio que fue en 1906 el Seminario Mayor y cuartel del Ejército Constitucionalista en 1914. En 1922 pasó al dominio de la nación y en 1936 se destinó a la Secretaría de Guerra y Marina de ahí que se convirtió en la XV Zona Militar hasta 2009 cuando se donó al Gobierno de Jalisco y albergó la fugaz estancia del Museo de Arqueología de Occidente y hoy es la sede del cuerpo burocrático de la SC.

Con 124 años de haber sido construido el edificio se mantiene en buenas condiciones ya que bajo el dominio militar mexicano se le dio excelente trato, dijo la maestra en Investigaciones de la Historia quien proporcionó un recorrido a MILENIO JALISCO en el que mostró los detalles que constituyen este singular sitio construido de 1892 a 1902. Con apoyo de la familia del constructor y consultando archivos y fondos históricos recolectó desde fotos hasta facturas que le permitieron conocer detalles como que importaba materiales de Filadelfia, Estados Unidos para construir las bóvedas distintivas del edificio de la SC.

Sobre la composición resalta que es de un estilo ecléctico "porque se juntan muchos estilos, no puedes decir que sea grecoromano porque tenemos entonces las escaleras que son art noveau que habla del movimiento de la naturaleza. Al subir encontramos arte morisco,. El área central es el patio de los Ángeles que tiene reminiscencias de lo que sería el Coliseo Romano con columnas dóricas, por el capitel que termina en forma cuadrada. Pero también tiene el jónico que son volutas redondas que parecen cuernos y el tercer piso es corintio. La experta explicó que Arroniz tenía un conocimiento histórico importante para utilizar ese criterio y haber colocado Atlantes en las esquinas.

En la investigación Ruiz Razura encontró datos que no pudo cotejar del todo, por ejemplo, hay indicios de que pudo haber una alberca en la cancha de front tenis pero no ha podido constatar esto ya que la Secretaría de la Defensa Nacional se negó a facilitarle la consulta a sus archivos. "Venir al edificio y no conocer la biblioteca es casi como un pecado, es pequeña pero de una gran belleza", destacó Ruiz Razura, quien lamentó que no se pudiera ingresar durante este recorrido a dicho espacio.

La investigadora considera adecuadas las intervenciones que ha realizado la SC a partir de que tomó las instalaciones pues agregó un pasillo que conecta dos áreas que están separadas en el edificio y está por habilitar un elevador, pero esas instalaciones no tocan los muros originales sino que tienen su propio soporte construido con metal y vidrio. Por otra parte reiteró lo atinado que encuentra que este lugar tome el nombre de Edificio Arroniz como se ha planteado por parte de un comité de expertos "falta que le pongan así y que nos acostumbremos todos a llamarle así porque lo que es común se hace verídico entonces esperemos que pronto se oficialice". En su investigación Ruiz Razura precisa que Arroniz era ingeniero exigente y minucioso, creador de cada elemento que se construyó, falleció a los 68 años de edad de una enfermedad que desarrolló en su fábrica de ladrillos ya que durante la cocción se desprende un polvo llamado sílice. El libro está disponible en la librería Mariano Azuela del Ex Convento del Carmen, Juárez 638.

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