Más que definición, busco sensación: Nirvana Paz

En un viaje a Europa, la artista decidió no fotografiar con anteojos, sino cómo ve el mundo sin ellos, sin corrección.
Las imágenes poseen un halo de irrealidad y misterio.
Las imágenes poseen un halo de irrealidad y misterio. (Nirvana Paz)

México

Al preguntarle a Maureen Bisilliat, cuando vino a exhibir a México, qué era para ella la fotografía, respondió: “Cada uno tiene que tener su manera de ver y pertenecer al mundo. Unos son fotógrafos, otros escriben, otros danzan, otros hablan, etcétera. Yo creo que es eso”.

También hizo referencia a que detestaba la tendencia de fotografía a la high definition (alta definición), porque era una especie de mentira en referencia a las cámaras análogas: el ojo humano no ve con tanta precisión. Estas ideas vienen a la mente al revisar el libro Siete dioptrías (Artes de México, 2014), con fotografías de Nirvana Paz y textos de Bernard Plossu y Nuria Gómez Benet.

Las fotografías de Nirvana invitan a replantear la forma de ver: al estar ligeramente desenfocadas poseen un halo de irrealidad y misterio. Las imágenes, escribe Plossu, están “hechas con una libertad que pasma y no pretenden corregir su visión del mundo, sino vivirlo tal como es, y el resultado es muy fuerte”.

El proyecto surge a partir de un viaje a Portugal y Francia, donde presentaba una exposición. Paz decidió “no fotografiar con anteojos, sino cómo veo el mundo sin ellos, sin corrección —dice en entrevista—. Aproveché el viaje para empezar a mirar de esa manera: a fotografiar las ciudades como las percibía sin lentes. Descubrí que las fotos eran muy diferentes que si las tomaba con anteojos o si las corregía con las lentes de la cámara”.

Tan fuerte fue el impacto de este proyecto, que Nirvana Paz no ha vuelto a usar lentes para fotografiar, pues dice, “me gusta la relación que se establece con el mundo a través de la percepción visual supuestamente reducida. El viaje en el que tomé estas fotos fue bastante largo e incluyó Portugal, Francia, España, Venezuela y México, y mucho tiene que ver con espacios cotidianos y, otra parte, con el caminar por las calles”.

Mucha gente se ha identificado con las fotografías porque, al igual que su autora, utilizan anteojos. “Pero lo que más me ha gustado, es que, al final, siempre hay una lectura más metafórica sobre la percepción y la manera en que nos enfrentamos al mundo. Finalmente esa es la metáfora que más me interesa y creo que por ahí ha habido un diálogo interesante con gente que ha visto Siete dioptrías en exposiciones o en el libro. Más que buscar la definición, busco la sensación”.

Cuando la invitaron a publicar estas fotos en el libro para la colección Luz Portátil de Artes de México, que suele incluir textos relacionados o creados a partir de las imágenes, se decidió por Bernard Plossu y Nuria Gómez Benet, que no están directamente vinculados con la fotografía. “Fue buena la comunión que se logró, sobre todo porque fue mucho más lúdico de lo que yo lo estaba viviendo, me aportaron mucho y fue muy gozoso”.

Otra forma de documentar

Los defensores de la denominada fotografía documental generalmente juzgan obras como las de Nirvana Paz con cierto desdén, a pesar de que se trata de otra forma de documentar la realidad. “Es una discusión muy larga en los círculos del arte, pero para mí esta forma de hacer fotografía también es documental, aunque desde mi perspectiva”, reflexiona Paz. 

Lo que empezó como un trabajo de titulación, se convirtió en un proyecto de vida que ha exhibido en Marsella, París, Xalapa y España. Asegura que “es un trabajo que ha provocado mucho diálogo y reflexión en torno a la imagen y hasta mi titulación. Eso es vital, después de que en mi carrera he hecho cosas bien diferentes”.

En un mundo lleno de imágenes con tal definición que, en ocasiones, parecen hiperrealistas, tratar de desentrañar fotografías fuera de foco invita a ver más allá de la superficie. Para la fotógrafa es más importante “mostrar las sensaciones que lo definido de la imagen. Para mí, la fotografía es la posibilidad de hacer visible mi lectura del mundo”.

También poeta, indica que los proyectos que ha desarrollado en los últimos 15 años siempre van acompañados de un poemario. “Es algo que nunca he podido separar. La imagen detona textos y los textos detonan imágenes. Es algo indisoluble para mí. Si la foto es visceral, los textos lo son mucho más”.

 

Fragmento de “Diez décimas de dioptrías”

 

I

El miope cree en lo que mira

sin importar cómo vea.

Contempla y se regodea

sin hallar nunca mentira

ni velo en lo que admira.

El miope no ve miopía

cuando albea cada día

con su niebla cotidiana.

Sólo es bella la mañana

Y es la luz soberanía.

 

III

La penuria con que veo

tiene muy fácil remedio:

puedo poner de por medio,

entre el hombre que deseo

y mi sutil parpadeo,

una lente timorata…

Mas si de aumentar se trata

aumento la cercanía.

Mejor, porque no hay miopía

cuando dos se están amando.

 

VI

Quien tachó de imperfección

a esta ceguera tan niña

–que el peinado no se aliña

porque no ve la razón–

no entendió que esta visión,

al aire el cabello fino,

nos desvela otro camino

con primavera en octubre

y el tenue vapor que cubre

un mágico cristalino.

 

VII

Contra todo se tropieza

y va dejando destrozos.

Su visión, hecha de esbozos,

acrecienta su rudeza.

En su ciclópea tristeza

aúlla en el aguacero.

Un círculo por sendero

sigue el perdido titán:

el ojo del huracán

ha de ser miope severo.

 

Nuria Gómez Benet