Cuatro décadas del templo guadalupano

La construcción de la nueva Basílica de Guadalupe, inaugurada en 1976, es revivida en fotografías históricas.

México

La riqueza documental que da cuenta de la edificación de la Basílica de Guadalupe, que el próximo miércoles celebra 40 años de existencia, es inmensa. Parte de esa historia es resguardada en el despacho donde el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez (1919-2013) concibió y diseñó cada rincón, cada espacio de este importante recinto religioso.

La Fototeca de MILENIO muestra, desde la mirada periodística, dos momentos relevantes del recinto mariano más visitado del mundo: el proceso de su construcción y la ceremonia de inauguración, que tuvo lugar el 12 de octubre de 1976.

Ese relato en imágenes acompaña al anecdotario que comparte el hijo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, Javier Ramírez Campuzano, invitado a participar en la presentación del libro 40 aniversario de la construcción  de la Insigne Nacional Basílica de Guadalupe, que tendrá lugar hoy, con la intervención del cardenal Norberto Rivera Carrera.

En entrevista con MILENIO, Ramírez Campuzano recuerda con detalle cómo su padre concibió esta gran obra, que con el tiempo se convirtió en un referente de la arquitectura religiosa. La obra alberga el símbolo más importante de catolicismo en México: la imagen de la Virgen de Guadalupe.

El creador del Museo Nacional de Antropología y del Estadio Azteca trazó, en una hoja membretada con la firma de su despacho, las primeras líneas del recinto religioso que actualmente recibe a más de 40 millones de fieles que cada año acuden a venerar a la Virgen de Guadalupe, plasmada en el ayate elaborado en fibra de maguey.

Sin que nadie se lo solicitara, realizó una maqueta de cartón que se conserva como testimonio de la creatividad de Ramírez Vázquez. El arquitecto vio un artículo periodístico donde el ingeniero Manuel González Flores, Premio Nacional de Ingeniería e inventor del sistema de los pilotes de control, consideraba que  la antigua Basílica estaba en franco proceso de deterioro a consecuencia de los hundimientos diferenciales del piso, por lo que, en un momento dado y ante ese peligro, habría que tirarla y hacer una nueva porque ya no cumplía con su función.

Al provenir de González Flores, Ramírez Vázquez tomó esa opinión de forma literal, por lo que hizo un planteamiento conceptual. En un principio propuso derrumbar el antiguo santuario y en ese terreno erigir la nueva Basílica. Para combatir la inestabilidad del terreno, planteó una alternativa: un apoyo central con una losa perimetral para que, de manera uniforme, se asentara la construcción y el hundimiento fuera uniforme.

Historia de un acuerdo

Fue a través de un amigo, don Antonio del Valle, que Ramírez Vázquez concertó una cita con el entonces abad de la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenburg, para que analizara su proyecto arquitectónico.

La respuesta del religioso fue que Ramírez Vázquez había dado en el clavo y que, con su propuesta de ingeniería arquitectónica, sí se podría construir en ese terreno tan inestable. Sin embargo, Schulenburg le advirtió: “Arquitecto: me parece bien su planteamiento, vamos a hacerlo, pero usted va a tener que prescindir de la idea de tirar la antigua Basílica y yo prescindiré de mi intención de construirla en el terreno del panteón, y así todos contentos”.

Entonces Ramírez Vázquez emprendió la construcción de la “obra más querida de México, con la que la gente se identifica, pues nadie puede poner en  tela de juicio la identidad y la fe de la mayoría de los habitantes de este país, que se inclina por la fe guadalupana”.

Para su diseño tomó en consideración las opiniones de los involucrados, desde el organista hasta los expertos en la liturgia. De ahí que la Basílica de Guadalupe cuente con nueve capillas individuales e independientes que pueden ofrecer diversas ceremonias al mismo tiempo.

El símbolo religioso más querido

Pedro Ramírez Vázquez planteó una isóptica singular para edificar la Basílica de Guadalupe, con la finalidad de que los visitantes pudieran ver la imagen de la Virgen de Guadalupe desde todos los lugares del templo. Además pensó en un sistema que le permitiera a los fieles admirar de cerca a la Morenita; para ello puso una banda eléctrica con la finalidad de que los devotos tardaran en pasar por debajo del ayate lo que invierte cualquier religioso en rezar un Ave María.

En el proyecto que resguarda al símbolo religioso más querido de los mexicanos se utilizó mármol de Santo Tomás, pero como estaba martelinado, el arquitecto ordenó que se puliera en toda la parte del centro porque se dio cuenta que muchas personas entran hincadas al templo católico.

Ramírez Vázquez contaba que a la obra en construcción llegaban decenas de albañiles que querían contribuir a la edificación de la casa de la Virgen Morena de manera gratuita; solo pedían que les dieran de comer, por lo que el abad mandaba traer cantidades industriales de tacos de canasta para todos. La construcción del templo mariano les llevó casi dos años de trabajos intensos.

Cambio de casa de la Virgen

El traslado de la imagen de la Virgen de Guadalupe fue singular, cuenta el arquitecto Ramírez Campuzano, quien fue uno de los voluntarios que cargó el ayate de Juan Diego para llevarlo de la Villa de Guadalupe a su nueva sede.

Evocó que el arquitecto Jorge Campuzano ideó un sistema para bajar el cuadro de la Virgen a través de unos cables y, ya en el piso, cuatro personas lo colocaron en un carrito, en el que se llevó de la antigua a la nueva Basílica.

Entre los documentos del acervo de Ramírez Vázquez, su hijo guarda la invitación a la ceremonia de apertura, el gafete oficial y hasta unos bonos guadalupanos que eran deducibles de impuestos.

Entusiasmado, Ramírez Campuzano relató que el traslado de la Virgen se realizó la mañana del 12 de octubre de 1976: “Se tenía la esperanza de que viniera el papa Pablo VI (1897-1978), pero en aquellos años el sumo pontífice no viajaba tanto, así que grabó un mensaje como si estuviera en vivo y en directo desde el Vaticano. Esa inolvidable ceremonia de inauguración estuvo encabezada por el cardenal Miguel Darío Miranda, a quien Ramírez Vázquez le entregó la simbólica llave del santuario”.

Como dato digno de considerar, Ramírez Campuzano recordó que en 1976, cuando la Basílica de Guadalupe empezó a funcionar y  dar servicio a los fieles, el templo católico fue visitado por alrededor de 6 millones de personas.