Tras una década, regresa un renovado Ballet Mariinsky

La compañía del Estado Ruso, considerada patrimonio cultural y cuna de la danza clásica, llega al Auditorio Nacional a partir de hoy.
“Las generaciones en el ballet se suceden muy rápido; ahora traemos nuevas estrellas”: Fateev.
“Las generaciones en el ballet se suceden muy rápido; ahora traemos nuevas estrellas”: Fateev. (Mónica González)

México

Del 19 de mayo de 1909 al 31 de junio de 1911, Europa bailó al ritmo que le impuso Rusia. La compañía Los ballets rusos presentó en París durante esos dos años las coreografías con las que Mikhail Fokin revolucionó y se rebeló a la tradición del ballet ruso. “La sala Chatelet rebosaba de público. Vestidos suntuosos, joyas deslumbrantes: todo París esperaba enfebrecido a los ballets”, escribió Francois Reyna en su Historia del Ballet al describir una de esas funciones en 1909.

Un siglo después se ofrece al público mexicano recrear esa euforia. El Ballet del Teatro Mariinsky presentará del 20 al 22 de octubre en el Auditorio Nacional tres de esas obras de Fokin, que fueron también las que consagraron al bailarín Vaslav Nijinsky: Las Sílfides, Sherezada y Petrushka (ese carnaval en el que tres marionetas bailan para mostrar su corazón humano).

“Este programa es una muestra de la genialidad de Fokin. Es la época en la que, habiendo sido educado en el Teatro Mariinsky, se rebela contra él, contra la tradición que habían impuesto las coreografías de Marius Petipa”, explica Yuri Fateev, actual director artístico del Mariinsky, durante la presentación del programa y el elenco a los medios de comunicación, ayer por la mañana.

Esta gira de su ballet, por cierto, será también una oportunidad para revivir este parricidio artístico, porque en otras funciones, las que ofrecerá del 17 al 19 de octubre, la compañía rusa presentará El Corsario, una de las obras maestras de Marius Petipa, el coreógrafo francés que llegó a San Petersburgo en 1841 con la promesa de un sueldo de 10 mil francos anuales.

Hace una década que el Mariinsky no visitaba México. “Diez años en ballet es mucho tiempo”, dice Fateev para fundamentar su promesa de que la experiencia será distinta a la que presentaron en 2003, una gira en la que también bailaron Las Sílfides. “Las generaciones en el ballet se suceden muy rápido; ahora traemos nuevas estrellas y eso hace que las obras sean diferentes, porque cada uno de estos bailarines imprime su propio arte”.

Ekaterina Kondaurova es, de entre las nuevas estrellas de la compañía, una que destaca. Delgada, alta y con un pectoral que se adivina especialmente enérgico, ella interpreta a Sherezada y dice que en esta, su primera vez en México, le gustaría conocer algo más de “esta ciudad que se nota que es muy viva”.

El comentario, en principio una cortesía turística, le sirve luego para dar un consejo a los bailarines noveles y mostrar que Fateev tiene razón cuando dice que diez años es mucho tiempo para un bailarín. “La carrera de bailarín es corta; los jóvenes deben aprovechar cada minuto y entregarse por completo a la preparación, al entrenamiento. Luego, cuando ya no estén a gusto en el escenario, irse tranquilamente”.

Fateev lo puso en términos más dolorosos: “Cuando alguien quiere dedicarse al ballet, al principio lo asocia con la idea de estas niñas con su tutú y sus zapatillas, algo muy lindo. Pero en cuanto comienza el trabajo, entonces aparece la sangre, las llagas en las puntas de los pies, los moretones, los golpes que truncan carreras; no es fácil, miente quien lo dice”.

Sin llegar a las grandes tragedias de bailarines como la del propio Nijinsky (quien vivió sus últimos años en un manicomio londinense), el director artístico habló de lo difícil que es formar parte de la compañía del Teatro Mariinsky: “Yo lo he visto con estos bailarines, son los primeros que llegan al teatro y los últimos que se van. Todo el tiempo están ensayando”.

Este ballet tiene ya casi tres siglos. Fundado a instancias de la zarina Catalina en 1738, lleva el nombre de Mariinsky en honor a otra zarina, María, quien mandó construir el teatro también llamado Marrinsky. Ambos, teatro y ballet, cambiaron su nombre durante la era del comunismo: se llamaron Kirov en honor al líder bolchevique Sergei Mironovich Kirov.

A pesar de estos vaivenes revolucionarios, es hoy una de las compañías más grandes del mundo: tiene 270 bailarines, dos compañías (una de gira y una de fijo en San Petersburgo) y dos teatros, incluyendo el recién inaugurado Mariinsky II (con foso para 120 músicos y caja escénica para albergar hasta seis producciones simultáneas).