Todo se lo debo a mi madre: Cassandra Zoé Velasco

La joven mezzosoprano mexicana ha dedicado 18 años al canto; ella y su mamá cuentan su relación, gracias a la cual ha logrado el éxito internacional.
La intérprete ha ganado el Concurso Nacional de Canto Carlos Morelli y la beca Plácido Domingo.
La intérprete ha ganado el Concurso Nacional de Canto Carlos Morelli y la beca Plácido Domingo. (Archivo Cassandra Zoe Velasco)

México

Que la agenda de la mezzosoprano Cassandra Zoé Velasco esté prácticamente saturada hasta abril de 2016, con viajes a Estados Unidos, Europa y México, no solo se debe a su talento y carácter, sino también a la fuerza que solo una madre es capaz de infundir.

Velasco tiene 25 años de edad, 6 de los cuales los ha pasado viajando. En enero pasado debutó en la Metropolitan Opera House de Nueva York, aunque ella ha estudiado canto desde los 7 años de edad, cuando inició en el Coro de Niños Cantores de la Escuela Nacional de Música (ENM) de la UNAM.

Su madre, la señora Lourdes Pérez, recuerda: “Yo siempre tuve inquietud de que ella aprendiera otras cosas. No quería que fuera una niña de televisión, y ahora ya los conectan con otros medios electrónicos. Entonces tome la decisión de llevarla a diferentes clases: iba a natación y al ballet. Un día se dio la oportunidad de una audición en la ENM para entrar en el coro, y ella quiso ir. Salió de ahí toda contenta, y yo le pregunté; ‘¿Qué cantaste, qué te preguntaron?’, ‘Nada, solo canté Las mañanitas’”.

Durante unas cortas vacaciones en la Ciudad de México, la mezzosoprano y su madre conceden una entrevista a MILENIO, en la que recrean el camino de una vocación temprana.

En 1997 Cassandra era una niña flaquita pero muy inquieta y platicona, según su maestra de coro, Patricia Morales. Cursaba el segundo año de primaria y los lunes, miércoles y viernes, al salir del plantel llegaba a la oficina de su mamá, donde comían juntas. Luego iban a la clase del coro, que duraba de 4 a 8 de la noche, aunque en las ocasiones en que se preparaba una participación especial de la niña salían más tarde.

A veces la pequeña lograba hacer la tarea en el salón del coro, pero en otras tenía que hacerla cuando llegara a casa, no importando la hora. La señora Pérez cuenta: “Fue difícil porque yo siempre he trabajado, y también había que dedicar la tarde a sus actividades, con el desvelo de llegar ya muy tarde a bañarla, a preparar todo para el otro día. Era mucho trabajo porque de repente me decía que le habían pedido la falda, el mandil o la olla para las coreografías del coro. Entonces había que estar consiguiendo todo porque ya tenía el ensayo al otro día.

“Eso requiere mucha disciplina porque no pesa pero sí cansa. Sin embargo, creo que una como madre tiene que apoyar a la hija, tienes que impulsarla: ella no se podía ir sola a las clases. La única persona adulta que podía llevarla era yo, y pues así pasamos muchos años, en los que yo emprendí con ella estas ganas de conocer y experimentar la música coral”, añade la señora Pérez.

Cassandra identifica esos primeros años como los cimientos de su carrera: “A mí la vida me llevó desde el principio. Fue un accidente llegar al coro de niños, y más tarde entré a un bachillerato artístico en el Centro de Educación Artística. Entonces yo llevaba mi preparatoria, y al mismo tiempo estaba capacitándome en un área artística, que era actuación. Tuve muchas dudas entre arte dramático, literatura y psicología; pero yo me sentía muy atraída por el escenario, pues crecí con ello”.

Fan número uno

En 2007 Velasco participó en el Concurso Nacional de Canto Carlo Morelli, en el que obtuvo el premio a Revelación Juvenil. Llegaron a su vida maestros que le han abierto puertas: Susan Young, Francisco Méndez Padilla, Enrique Patrón de Rueda y Carlos Serrano.

De allí en adelante la vida de Cassandra ha sido una vorágine que agradece, porque le gusta viajar y está enamorada de la ópera. Así, entre otros muchos logros, en 2011 debutó en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas, Bélgica, y en 2012 obtuvo la beca Plácido Domingo.

“Es difícil el camino porque tienes que crecer muy rápido y hacerte responsable de todo lo que hagas, de todas las decisiones que tomas desde muy joven. La verdad es que a veces es más cómodo que tus papás te resuelvan un poco la vida. Pero también es muy importante encontrarte, aprender a estar sola, aprender a reconocer quién eres, y más siendo artista. Debes tener una unión muy fuerte con tu yo interno, porque es la única manera en la que te guías y vas haciendo las cosas con amor. La verdad es que lo más difícil es estar lejos de mi madre”, dice Cassandra.

“Yo soy su fan número uno. Estoy en todas o casi todas sus presentaciones, y ese día estuve en Nueva York. Fueron experiencias lindísimas porque vi cómo el sueño de mi hija se concretaba, y yo sé lo que ha significado para ella. Como madre fue una emoción increíble ver cuando mi hija salió y cantó al lado de esas personalidades”, comenta la señora Pérez.

La cantante concluye: “A mí me gustaría mucho que otras personas vean que sí se puede lograr un sueño, que solo hacen falta disciplina y compromiso. En mi caso ha sido fundamental el apoyo de mi madre. Esto debe quedar claro siempre: todo lo que somos se lo debemos a nuestros padres. Yo se lo debo a mi madre”.

Artista precoz

7 años de edad: Cassandra Zoé Velasco ingresa en el Coro de niños de la Escuela Nacional de Música.

10 años: interpreta un solo en el Palacio de Bellas Artes.

19 años: debut internacional en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas, Bélgica.

25 años: debut en la Metropolitan Opera House de Nueva York.