Se debe fortalecer la identidad familiar

Los cientos de fieles que han llegado puntualmente a la iglesia para escuchar la ceremonia litúrgica, posan completamente su atención en el altar enmarcado por grandes cuadros que ilustran la ...
Hubo lavatorio de pies.
Hubo lavatorio de pies. (Gisselle Acevedo)

Pachuca

Es la celebración de la última cena que Cristo compartió con sus discípulos, la oportunidad de fortalecer la identidad de la familia diocesana que congrega la Basílica menor de nuestra señora de Guadalupe, asegura el sacerdote de no más de 50 años que, vestido completamente de blanco y posado en una gran silla de madera, encabeza la misa del Jueves Santo en Pachuca.

Los cientos de fieles que han llegado puntualmente a la iglesia para escuchar la ceremonia litúrgica, posan completamente su atención en el altar enmarcado por grandes cuadros que ilustran la aparición de la Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac.

Con voz pausada, pero firme, el sacerdote continúa y solicita a los ahí presentes, amar a Dios y a las personas que los rodean, con un amor de sacrificio y sin egoísmo, como Jesús hizo con la totalidad de población al momento de entregarse y aceptar su crucifixión.

Asegura que el Jueves Santo no es más que el anuncio del principio de la nueva pascua, es decir el paso de Dios por la vida de aquellos que viven en humildad y a su servicio, por lo que reitera es el momento de no solo recordar, sino de afianzar los lazos de la iglesia católica.

Tomando a la familia como centro de su sermón, el hombre se pone de pie y con él 12 sujetos que por su vestimenta simulan a los discípulos de Jesucristo.

Seminaristas vienen y van, le acercan lo elemental necesarios al cura para iniciar el lavado de pies, situación que hace alusión al gesto de humildad que Jesús tuvo con los suyos hace más de 2 mil años.

Para concluir la ceremonia, indica, aunque el Jueves Santo como día no forma parte de la tercia de “Cristo crucificado-sepultado-y resucitado”, la última cena, es la apertura de la gran fiesta pascual del año litúrgico.

Poco a poco la “Villita” se vacía, afuera ya llueve, pero es el órgano que aún suena, el que le da un toque de peculiar a la noche que apenas comienza.