50 sombras de Grey, triunfo literario y en taquillas

Falta un día para el estreno de la versión cinematográfica de la novela de E.L. James; la primera parte de un fenómeno literario que ha logrado vender más de 100 millones de libros en el mundo.
Cincuenta Sombras de Grey (Fifty Shades of Grey)

México

Erika Leonard James jamás se imaginó que la historia que empezó a escribir en formato digital, fruto de una crisis de la mediana edad, terminaría por vender más de 100 millones de libros alrededor del mundo. Y menos aún que inspiraría una película –la que se estrena mañana- que rompería todos los récords de ventas anticipadas de boletos de cine.

El alto contenido erótico de 50 sombras de Grey es una de las principales hipótesis para explicar el rotundo éxito de la trilogía de E.L. James. Pero en este fenómeno literario de masas, mayoritariamente femeninas, –hasta el punto en que ha sido llamado “porno para mamás”- también está muy presente el factor mercadológico. Basta decir que los libros se venden en una caja que contiene un par de esposas, una máscara y una corbata.   

“En el libro están las fantasías de muchas mujeres y seguramente se sienten liberadas a través de la lectura”, opina la escritora Susana Iglesias, autora de la novela Señorita Vodka y ganadora del premio a mujeres escritoras Aura Estrada.

Algo similar explicó la cineasta y artista Sam Taylor-Johnson sobre las razones que la llevaron a rodar la película: “Me parecía un cuento de hadas con grandes similitudes a los que nos contaban de niñas, pero en una versión para adultos. Una joven conoce a un príncipe inalcanzable. Es un hombre de éxito, fabuloso, rico, pero todo acaba siendo muy diferente”.

Iglesias no ha leído la trilogía porque no le interesa y no gastaría dinero en ella. “Si quiero literatura erótica buscaría El cantar de Salomón o leería a William Blake”, dice, “pero no creo que haya nada de malo en ninguna historia si ayuda a que las personas lean”.

El que sí hizo el intento fue Julio Patán, crítico, escritor y columnista de MILENIO. Pero después de leer unas 200 páginas decidió dejarlo. En primer lugar porque la literatura erótica no es su favorita. Pero además, porque considera que el género en sí mismo debería tener un valor de transgresión, uno que no encontró en 50 sombras de Grey.

“Nos cuenta una historia de sadomasoquismo light que ya conocemos: la mujer de origen conservador que es sacudida en su sexualidad por un hombre con fantasías más o menos conocidas”, sostiene Patán.

En su opinión, la novela de James tampoco cumple con el otro requisito de la literatura erótica: el de ser capaz de excitar sexualmente al lector. “Aunque eso es algo totalmente subjetivo”, concede. “Quizá toca más fibras femeninas”.

Pero en gustos se rompen géneros y lo mismo aplica para la literatura, añade Susana Iglesia, quien considera que “lo más interesante de este tipo de fenómenos es que mucha gente empieza a interesarse por la lectura, y de la mesa de novedades brinca a otros estantes”.

Lo mismo cree Julio Patán, quien no tiene inconvenientes en aceptar que muchas veces ha disfrutado de este tipo de los grandes éxitos de ventas, por ejemplo la trilogía Millenium, de Stieg Larsson o algunos títulos de Stephen King. “Sí hay una gran cantidad de basura en el ámbito del best seller, pero no es lo único. Además, creo que vale la pena acercarse a este tipo de fenómenos porque habla de nosotros como sociedad”.