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Viernes , 22.06.2018 / 20:23 Hoy

De una a otra realidad

Teatro de momias es un montaje imaginativo que transita de la farsa a la pesadilla y de la caricatura a la poesía a través de máscaras, maniquíes, títeres y bustos de yeso

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Alegría Martínez

A unos pasos del vestíbulo, un escenario negro y alargado recibe al Teatro de momias, que inicia como un homenaje póstumo a su autor y director, en el que conviven actores con títeres blancos de vara, bustos de yeso, algún maniquí, máscaras y bailarines, en un montaje que va de lo pedestre cotidiano a la farsa, de la pesadilla al sueño, a la caricatura, y de ahí a la poesía. Se trata de un teatro complejo y de contrastes, a los que el espectador podrá elegir darse o no la oportunidad de abrirse.

Entre edificios, comercios y vecindades, a una calle del altar a la Santa Muerte, sobre avenida Vértiz, barrio donde difícilmente se podría sospechar que hay un teatro, se llega a un tercer piso mediante ascensor industrial de fierro que sube hasta un acogedor espacio de madera y metal, bajo el cielo citadino, donde las plantas se asoman desde cubetas plateadas.

Teatro de momias huye de lo que podría complacer a un espectador convencional y hace, en cambio, una invitación a quienes se dispongan a conectarse interna y externamente con las imágenes, los sonidos, las palabras, el texto y lo que les pueda transferir cada elemento por separado y en su conjunto, en un diálogo interdisciplinario, a partir del planteamiento que sentencia que “En un futuro post–humano, las momias desentrañarán los misterios del antiguo y perdido mundo de los vivos”.

Luis Eduardo Alcocer Guerrero, autor del Proyecto Gran Guiñol Psicotrónico, es director y actor de Teatro de momias, que forma parte de Dramaturgias Ambulantes, ciclo en el que participan seis autores, directores y actores de sus propios montajes y se presentan en el Foro La Nabe, durante algunos meses.

Como si la vocación de esta obra fuera la de abrir vías, el escenario se alarga hacia los laterales. El proscenio, a ras de piso y ante unas gradas, ostenta al centro un proyector de cuerpos opacos. El área está sembrada de objetos, incluida una camilla que pareciera provenir de un viejo hospital abandonado.

Teatro de momias tiene un sustento humano, filosófico y polémico sobre el tránsito del ser humano en el tiempo, en este caso a partir de la certeza de personajes ancestrales sobre la gran zozobra, a la que se alude desde distintas posturas, incluida la de un humor que va de la crítica a la necesidad de cuartear actitudes establecidas y estados de ánimo.

Voces grabadas de criaturas que no se han ido al más allá, secuencias veloces o milimétricamente lentas, actores que miran a su público, hablan, atraen o repelen. Estética contemporánea de pintura en proyección que avanza o retrocede, escultura ríspida, música que acaricia o genera escalofrío, actuación que recorre géneros como quien avanza hacia el fondo y cruza puertas en perspectiva, danza que sujeta la emoción sin soltarla, desde la mirada hacia dos cuerpos opuestos que gravitan, momias de inmensos ojos que danzan o increpan, la escena está puesta. Respira.

Alcocer Guerrero y su equipo artístico proponen pistas de aterrizaje luminosas y oscuras, acciones múltiples, incesantes, producen impactos con distinta carga que nos remiten a una realidad conocida y enseguida a otra que hemos ignorado, cada quien la propia.

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