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Viernes , 21.09.2018 / 05:19 Hoy

De la crisis a la crítica

Archivo hache.

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Sabemos que hay una crisis del arte y la literatura, entonces, preguntemos: ¿hay responsables? Si los hay, ¿quiénes son?

La mayoría de los artistas son aún peores que los museos. Cuando un artista ataca a los museos (repitiendo clichés vanguardistas), hay que preguntarle qué sería del arte si no fuese resguardado por museos. Las únicas obras de arte que cuidan los artistas son las suyas.

¿Y qué obras suyas? Las que no han podido venderse.

Concuerdo en que los museos son casi un asco (cuando un niño o joven acude, el museo queda momentáneamente redimido); pero solo podemos enjuiciarlos (como a galerías y especuladores) si al mismo tiempo admitimos que muchos artistas son también nauseabundos.

¿Y la crítica? Recordemos esto: el ego artístico fue construido por el mismo (in)mundo que construyó el súper–ego de los críticos.

Sin embargo, nadie en su sano juicio podría decir que el arte es una mierda. Cualquiera que haya entrado en prolongado contacto con el arte sabe que uno de sus efectos es convertirte en un militante contra el mundo del arte.

Es un gran enigma que, a pesar de ser material y espiritualmente hecho por artistas y cuidado por instituciones que son un asco, el arte sobreviva a sus gestores.

Algo similar sucede con la literatura. Los escritores, con mucha razón, denuncian a la academia (por escribir mal y también ser una elite); ¿pero qué sería de muchas obras literarias si no fuesen leídas en las universidades?

¿Quiénes son peores? ¿Los escritores que solo piensan en nutrir su ego o los académicos que usan a los libros para tener un puesto? A la mayoría de los humanistas solo les importa su propio culo.

¿Y los lectores? A la literatura la compran, consumen y, finalmente, ponen en sus estantes, y los más posmodernos le toman foto y suben a sus redes.

A la mayoría de los lectores solo les interesa que los libros sean accesibles y baratos. Y si son libros electrónicos, que sean accesibles, breves y gratuitos; en suma, los lectores piden que las obras literarias sean prostitutas espirituales de clase alta (pero al alcance de su tiempo y bolsillo). Eso es todo. Next.

Los responsables de la crisis del arte y la literatura, entonces, son los artistas y los escritores. La sociedad, el Estado o el mercado jamás harán nada por el arte.

Somos los escritores y los artistas quienes debemos hacer una autocrítica radical en este siglo para que no sea erradicada.

Nosotros debemos encargarnos de la crítica. Y debe quedar claro que esta crítica no debe ya ser sobre objetos (“obras”), tal como quiso el capitalismo para saber qué productos estéticos deben ser celebrados y consumidos por ser los más bonitos, sino una crítica de sujetos.

Pasar de la crítica de objetos a una crítica de sujetos, por supuesto, entraña un peligro: reducir la crítica a la moral.

Y un desafío tremendo: volver a la crítica estética una parte de la ética.

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