Duende

Danza.
Sara Baras.
Sara Baras. (Especial)

Ciudad de México

Próximamente se realizará en el Palacio de Bellas Artes un ciclo de danza flamenca, con la presencia de las bailaoras Mercedes Amaya (24 de febrero), María Juncal (26 de febrero) y Sara Baras (27 y 28 de febrero).

Resulta casi inevitable resaltar la conexión natural entre la danza flamenca y la poesía de Federico García Lorca. Quisiera disertar un poco sobre esta relación y apuntar además los vasos comunicantes que hay con la cultura en América, pues podría pensarse que esta danza poco tiene en común con el quehacer dancístico en este continente. Baste destacar que se trata de una danza nacida, principalmente, entre los gitanos de fuerte influencia morisca avecindados en Andalucía. La relación directa que esta geografía tiene con América se debe a que, aunque es un debate aún abierto, un alto porcentaje de los primeros habitantes de América provenía del sur de España, lo que se refleja sobre todo en la influencia del habla y la cultura andaluzas en la lengua y los modos que se desarrollaron en América, vínculo presente hasta nuestros días. Vemos también la influencia más clara de la danza andaluza en las danzas mestizas, hoy consideradas nativas de este continente.

Mencionaba también el origen gitano de esta danza, un pueblo estigmatizado y perseguido hasta nuestros días. Su historia ha dado un carácter doloroso y melancólico a su música y a su danza. Un rasgo más que comparte con gran parte de la población y la historia de América.

Se trata, pues, de una danza que, en su acentuación y carácter, refleja la historia atormentada de un pueblo.

Federico García Lorca también era portador de esta historia y a su vez espectador de su fenómeno artístico, desarrollando incluso un concepto que ya habría sido mencionado por otras personalidades, pero que desarrolló e inmortalizó en el célebre texto “Juego y teoría del duende”, en el que describe el proceso por el cual un artista encuentra la ruta asertiva que lo lleva a crear arte y no artificios, eso que a decir de Goethe es un “poder misterioso que todos entienden y ningún filósofo explica”.

En las y los bailaores de flamenco, García Lorca encuentra la materialización perfecta del concepto duende, que pertenece más al campo de la ontología que al de la razón instrumental que el propio García Lorca relaciona con ángeles y musas clásicas: “la musa despierta la inteligencia, trae paisajes de columnas y falso sabor de laureles; y la inteligencia es muchas veces enemiga de la poesía porque limita demasiado”. El poeta sostiene que ángeles y musas son agentes de inspiración externa y a ellos contrapone el duende, alque “hay que despertar en las últimas habitaciones de la sangre”.

Se trata de la inspiración nacida en la propia historia del artista, de su sangre, su tierra, sus vidas y muertes; es el detonador de las emociones íntimas y personales; presupone indagar en la esencia y sinceridad plena de lo que se expresa y de quien expresa. No se trata de un abandono simple de la forma; sino de un paso al “tuétano de la forma”.

Según Lorca, “La llegada del duende presupone siempre un cambio radical en todas las formas”, es la cúspide de un proceso predominantemente emotivo y creativo; y las artes en las que encuentra un campo natural son la música, la poesía hablada y la danza, pues son las que requieren de un cuerpo vivo que interprete.

Esperemos que para los días aciagos que padecemos por estas geografías, la danza flamenca provoque en el duende de Lorca “un chorro de sangre digna para nuestro dolor y nuestra sinceridad”.