“La danza de Tastoanes es lo que nos hace ser”

En los últimos 5 años, el número de devotos que se suma a la tradición va en aumento, esta representación tonalteca se ha diversificado.
Las tradicionales mañanitas a las siete de la mañana en donde confluyen todos los grupos de Tastoanes
Las tradicionales mañanitas a las siete de la mañana en donde confluyen todos los grupos de Tastoanes (Enrique Vázquez)

Guadalajara

Hay dos fiestas de Tonalá que son muy importantes, una es la que nos da identidad hacia el exterior y otra que mantiene nuestra cohesión social. La primera es la Danza de los Tastoanes y la segunda la Fiesta de las Cruces. La danza de Tastoanes es lo que nos hace ser y deberíamos de tenerla todos como un legado muy preciado”, dice Prudencio Guzmán, artesano y Tastoán por cerca de tres decenios.

Cada 25 de julio, Tonalá se levanta antes que el sol, entre barullo de perros, estrepitosos cuetes y cantos de gallos y ruidos de coches.

En la falda del cerro de la reina, del camino que baja a Las Gamboas vienen subiendo un grupo de devotos del Santo Santiago, es la familia Pila, casi completa, los hombres con sus mujeres y niños, unos caminando otros a bordo de una troca que viene a vuelta de rueda, en la cabina a manera de copiloto viene Doña Elvira Pila Reyes que ya pasa los 70 años y que se jacta de mantener la costumbre de celebrar las jugadas de Tastoanes en su familia.  La camioneta se adelanta y se detiene según la procesión de los Pila que encabezan dos jóvenes con el santo a cuestas.

El camino a Las Gamboas se ha convertido en la calle Ramón Corona, los devotos doblan por Pipila hasta Álvaro Obregón en línea recta hasta la Parroquia de Santiago Apóstol.

A esas alturas Tonalá destila un estruendo de bandas, chirimías, tambora, que se empalman a los cantos de plegaria de cientos que se aglutinan dentro de la iglesia y en el atrio. Pasa la misa, el sol cae sobre decenas y decenas de enmascarados listos para la fiesta. Lo demás es leyenda que cientos recrean hasta la noche.