Le dan vida gráfica a Duchamp

En un formato inusual, François Olislaeger confronta su imaginación con uno de los exponentes más representativos del arte contemporáneo.
La biografía del creador francés es presentada en un formato poco usual.
La biografía del creador francés es presentada en un formato poco usual. (François Olislaeger)

México

El artista gráfico François Olislaeger proviene de lo que llama “una escuela clásica de ilustración”, para la que la imagen solo pareciera servir para acompañar a las historias; pero él se propuso establecer un diálogo con manifestaciones artísticas como el teatro y la danza, y también con creadores que le permiten afrontar riesgos creativos.

Así fue como se propuso ilustrar y, al mismo tiempo, participar de los juegos de Marcel Duchamp (1887-1968) mediante los escritos autobiográficos de quien es considerado el padre del arte contemporáneo, lo que dio como resultado Marcel Duchamp. Un juego entre mí y yo (Turner, 2015), un libro que no necesariamente es tal, sino más bien una suerte de rollo de seis metros de largo.

Dice Olislaeger: “Como autor de cómics, de novela gráfica, me interesa encontrar otro tipo de arte. Ya hice un libro sobre obras de teatro, de coreografía, y ahora quería confrontar mi imaginación con el arte contemporáneo, pensé que el artista más representativo sería Marcel Duchamp. Lo escuché una vez en la radio y me pareció un hombre muy sensible, sencillo, solitario… un poco al inverso de la idea que tenía, la que aprendimos en la escuela, de un artista culto, muy difícil de entender”.

Es una novela gráfica diferente que busca contar la historia de las vanguardias, de dónde vienen cada una de sus obras y, sobre todo, mostrar cómo, por lo menos en el caso de Duchamp, arte y vida eran una sola cosa, lo que incluso se refleja al compartir la idea del caos y del azar para ambos elementos de la misma persona.

“Algo que defiende Duchamp es la idea del caos, del azar, y eso en historieta es muy poco utilizado. Es un problema interesante, porque para contar una biografía que es lineal e introducir el azar o el caos, se construye otro tipo de lectura, se produce una gimnasia del espíritu diferente para el lector. Es un libro lineal, pero donde el espacio es más abierto y se lee más vertical que horizontal”, explica Olislaeger.

Vida y arte

Marcel Duchamp fue un artista francés cuya obra ejerció una importante influencia la evolución del movimiento pop en el siglo XX, pero más allá de unas sencillas palabras de su obra, la apuesta del artista gráfico fue establecer un diálogo entre los sucesos de su infancia, cuando jugaba con su hermana, hasta cuando se casa, recorrido en al que también está su obsesión con las ventanas y el círculo.

“Para organizar eso”, comenta Olislaeger, “intenté encontrar en qué momento surgieron las ideas, qué tipo de influencia tuvieron en el mundo, siempre como si fuera una cadena de ADN: pasa por aquí, desaparece por allá, va a un movimiento dadaísta y luego se esconde, pero deja semillas de pensamiento en sus contemporáneos, y entonces crecen plantas ideológicas. De esa manera intenté organizar el libro”.

Lo más importante del volumen fue intentar replicar el aspecto lúdico que había en Duchamp, entre su vida y sus obras de arte, más allá de que “su mejor obra de arte fuera su propia vida”, y eso se puede enseñar muy bien en la novela gráfica.

Uno de los objetivos de Olislaeger es acercarnos al hombre, más que a la figura artística, “convertirnos en sus amigos y tener la misma intención de libertad que tenía él en su vida”.

“La historia de arte hace que los artistas se vean cultos y olvidamos de dónde sacaron sus ideas, y Duchamp, en su contexto histórico, nos muestra que era un revolucionario por cosas muy precisas, como la era de la industrialización, el capitalismo brutal de Estados Unidos, y por ello su espíritu aún vive, su manera de ver y hacer arte, porque no salimos de una época de capitalismo duro”.

Continúa François Olislaeger: “Organicé el libro como si él fuera caminando por la exposición de su propia vida, para darnos cuenta de que no hay diferencias entre obras y vida: se fundieron tanto que todo fue parte de lo mismo. Duchamp pasó mucho tiempo contando lo que hacía, porque muchas de sus obras fueron conceptuales, entonces necesitaba escribir para explicar lo que estaba desarrollando”.

El libro se editó en un formato de rollo que, cuando es desplegado, se convierte en un friso ilustrado de seis metros de longitud, que se convierte en un objeto de colección que ayuda a conocer la vida de un personaje indispensable del arte contemporáneo.  




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