¿Qué le damos, joven?, ¿el imaginario mexicano?

Concentrados delante del cuadro “más emblemático” de quien se confiesa aterrada por la fuerza bruta de la masa nos esforzamos por reconocer los elementos que integran su plenitud.
"Bodegón en rojo", 1973.
"Bodegón en rojo", 1973. (Conaculta)

México

Muestra —se nos explica— que da cuenta del trabajo de esta alemana en la conformación del “imaginario de la mexicanidad”. ¿Existe tal imaginario? ¿En qué consiste? ¿A quién pertenece y a quién beneficia? ¿Quién determina su inventario?

Concentrados delante del cuadro “más emblemático” de quien se confiesa aterrada por la fuerza bruta de la masa, con sus ruidos y sus radios, nos esforzamos por reconocer los diversos elementos que integran su plenitud. Vamos nombrando cada una de las luminosas alhajas que, en equilibrados módulos piramidales, en suculentas interacciones cromáticas, se van derramando y distribuyendo en torno a la vendedora, pitaya rosa abierta en mano, cuya sensualidad se aquilata no solo en el despliegue de sus pulpas y vellosidades, sino además en el garbo con que penden sus aretes dorados; en los finos motivos de plata estampados en su blusa lila. Pero, ¡ay! Algunos nombres se nos olvidan. Y es que ya no designan nada en nuestra mesa a la hora de comer.

¿Puede, entonces, el cuerno de la abundancia formar parte del imaginario de un país de obesos, desnutridos y diabéticos? ¿De un país en vías de erial que importa lo que come y come mal? Desde luego que sí, siempre y cuando por “imaginario” entendamos, con Althusser, aquellas representaciones que enmascaran las condiciones históricas y materiales de la existencia. De momento, puede. Sueño perdurable.

Pero aquí no se trata, por lo demás, de frutos para llevar. Implacable vigilancia impide que ningún marchante introduzca en su canasta fotográfica algún antojo. Ni pagando en taquilla. Prohibido el saboreo en casa. Vedada la cocina transformativa. Proscrito el disfrute compartido en la mesa grande de las redes sociales. Pásele joven, pero sin pasarse de la raya: que el “imaginario de la mexicanidad” es propiedad exclusiva del Estado, de la banca, de la televisión, del coleccionismo acaudalado. Nimbados de escasez artificial, rutilan estos frutos tras la crematística blindada. Al igual que la comida muerta de las corporaciones agroalimentarias engordadas en la sempiterna cruzada contra el hambre, gozan estas imágenes de una vida útil muy larga, toda vez que se les han eliminado todos los probióticos bacterianos que, al hacerlas vivas, nutritivas y sanas, las harían también, y por lo mismo, parte del fermento colectivo de la lucha actual. ¡Que Dios nos libre!

Olga Costa. Apuntes de Naturaleza 1913-2013. Palacio de Bellas Artes. Hasta el 27 de octubre.