La curiosidad nos define como seres humanos: Manguel

El literato argentino alerta sobre cómo en una sociedad de consumo no se puede alimentar la noción de lo lento y, sobre todo, “el placer de conquistar lo difícil”.
“El lenguaje nos falla siempre”, afirma el autor de "Una historia de la lectura".
“El lenguaje nos falla siempre”, afirma el autor de "Una historia de la lectura". (Héctor Téllez)

Oaxaca

Cuando se le pregunta a Alberto Manguel si se le da demasiada importancia a los libros, su respuesta es contundente: “¿Se le da demasiada importancia a la vida?”; cuando se le inquiere por qué se le les da poca importancia, es tajante: “Porque nuestras sociedades están construidas sobre valores que distraen de lo intelectual y de lo que definiría como humano; actividades como la lectura o la apreciación del arte y de la música se restringen a una minoría. La mayor parte de la sociedad no tiene acceso al libro, a pesar de las campañas o de que pueden ser muy baratos, y no es solo por no poder comprarlos, sino por no saber que pueden ser útiles una vez comprados”.

El escritor está en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca para presentar su libro Curiosidad. Una historia natural (Almadía, 2015); alerta sobre cómo en una sociedad de consumo, cuyos valores son lo breve, lo inmediato y lo fácil, no se puede alimentar la noción de lo lento y, sobre todo,“el placer de conquistar lo difícil”.

“No debe sorprendernos que la lectura tenga muy poca importancia; el lenguaje nos traiciona porque corrompe la noción de leer. La persona que lee una novela de Dan Brown o propaganda comercial dice que está leyendo; pero en árabe, por ejemplo, son verbos distintos leer literatura, poesía o una información cualquiera”.

En entrevista con MILENIO, Manguel (Buenos Aires, 1948) recordó que en las sociedades de lo escrito, los libros equivalen a su memoria; pero hay sociedades orales, en las que el equivalente del libro es la persona mayor, el chamán, el sabio que lleva consigo las narraciones que se transmiten de generación en generación.

“El libro tiene la ventaja de no requerir la presencia física de su autor y, así, eliminar los obstáculos del espacio y del tiempo. Tenemos una carta del tercer milenio antes de Cristo, de Sumeria, en la cual un amigo le escribe a otro: ‘He recibido tu carta, y es como si estuvieras aquí y te estuviese escuchando’. Es exactamente lo que la literatura hace”.

Imaginación

Explica Maguel: “Pienso que la curiosidad es la cualidad que nos define como seres humanos. Si no somos curiosos, estamos muertos. Como especie animal logramos desarrollar el instrumento para imaginar una experiencia antes de tenerla. Es una manera muy eficaz de sobrevivir en el mundo, pero para que esa imaginación funcione tiene que haber algo que lo alimente, y eso es la curiosidad”.

Los libros son un producto de ella y de ese impulso narrativo: son la mejor manera de poner en palabras nuestra experiencia de la curiosidad, aun cuando “el lenguaje nos falla siempre”.

“Usamos metáforas porque son las muletillas del lenguaje, son confesiones de nuestra inhabilidad de comunicar. Por eso los libros, si bien nos aportan muchas formas de las preguntas que hacemos y las mejores maneras de ponerlas en palabras, éstas serán siempre infinitas, porque ningún libro acaba por decir todo”.

La confusión de las tecnologías

Autor de La ciudad de las palabras y Una historia de la lectura, Alberto Manguel está convencido de que los peligros del libro y las nuevas tecnologías son más bien una confusión creada por los medios comerciales, que hablan de las virtudes exclusivas de la tecnología electrónica y “no quieren dejarnos recordar que cuando pasamos de las tablillas de arcilla al rollo de papiro fue una revolución extraordinaria”.

 “El paso del rollo al códice y del manuscrito a la imprenta fueron revoluciones extraordinarias, pero cada tecnología procede más o menos de la misma manera, declarando la muerte de la tecnología precedente. Hemos vuelto a la tablilla, como la que tienen ustedes en la mano, y leemos en la pantalla como se leía en el rollo, creando la página a medida que se el texto pasa. No declaremos la muerte prematura de ninguna tecnología”.

El gran reto, cuenta Manguel, es que si bien mucha de la información que contiene la web es inútil o equivocada, debemos saber “cómo llegar a la información que queremos y cómo juzgar la que es valedera”.