La culpa la tiene Messi

En la contratación europea de infantes latinoamericanos como futuras estrellas del balompié hay explotación infantil, pero al ser un deporte millonario “todos disimulan y prefieren entrar al ...
Niños futbol
Jóvenes argentinos en la villa Rodrigo Bueno del barrio Costanera Sur, en Buenos Aires. (Especial)

Santiago de Chile

Con un libro delgado de apenas 187 páginas, el periodista chileno Juan Pablo Meneses ha causado revuelo. Se propuso recrear la historia de Leo Messi: comprar a un niño futbolista y convertirlo en estrella. Al principio, no sabía nada del asunto, fue aprendiendo en el camino, en sus vivencias de encuentros y entrevistas con padres, niños, entrenadores, funcionarios, intermediarios. Una experiencia narrada en primera persona cuyo relato depurado deja al descubierto un negocio despiadado que se esconde detrás del sueño de cualquier niño latinoamericano: llegar a ser una estrella de futbol. En su libro Niños futbolistas (Blackiebooks, 2013) Meneses, de 45 años, viaja por Latinoamérica y Europa en busca de la mejor manera de hacerse rico con un chico de algún barrio pobre de Latinoamérica. Dominical MILENIO lo visitó en Santiago de Chile para entrevistarlo sobre la experiencia de escribir su libro como un protagonista del consumo, en un estilo que ha bautizado “periodismo cash”.

 

¿Cuál fue la reacción más insólita ante tu libro?

Me contactó la FIFPRO, que es el sindicato mundial de futbolistas profesionales, porque estaban preocupados por el aumento explosivo de la compra de niños futbolistas del mundo subdesarrollado. Pensé que si ellos mismos no sabían que esto pasaba, significa que el tema no se conoce.

 

Tienes una experiencia anterior, un reportaje donde compras un ternero para convertirlo en asado y retratar toda la cadena comercial en medio. ¿Pero avanzar del ternero al niño, no es dar un paso prohibido?

Me gusta escribir del consumo, no soy periodista deportivo, lo llamo “periodismo cash”. El primero de mis libros fue sobre la alimentación y cómo depredamos con nuestro consumo, y el segundo libro es sobre el consumo de entretenimiento: cómo depredamos niños para nuestra diversión. La única manera que he encontrado de contar esa historia es siendo parte del negocio, porque así vas a encontrar mucha más información.

 

¿Cómo funciona ese negocio?

Hoy es el negocio de moda. Por un lado está Latinoamérica que vende y Europa que compra. Hay distintas tácticas. El Paris St. Germain, el Milan y el Manchester ya están poniendo escuelas de fut en Brasil, o se están llevando niños muy chicos a Europa y organizan torneos o reality shows en busca de talentos.

 

¿Cómo se sintió comprando a un niño?

Yo estaba convencido que iba a ser muy duro el momento de acercarme a un padre y preguntarle en cuánto me vendía a su hijo. La primera vez yo estaba nervioso, porque pensaba que el padre me iba a pegar. La sorpresa fue que el padre estaba esperando que llegara alguien a comprarle su niño. Muchos habían dejado de trabajar para convertirse en acompañantes y managers de sus hijos. Para ellos era muy normal. Es más, cuando yo negocio con el abuelo de uno de ellos para comprarlo y trato de rebajar el precio que pide el abuelo de 250 dólares, el niño estaba jugando frente a nuestros ojos exponiendo sus mejores jugadas. Me sentí realmente dentro del mercado de compra-venta de niños.

 

Pero no es exactamente una compra de un ser humano. Compras más bien los derechos, ¿nos puedes explicar cómo funciona eso?

Uno no compra a la persona, pero de alguna manera sí. Comprando los derechos, comienzas a estar a cargo de todas las decisiones de ese niño. Decides que el niño va a cambiar de ciudad, porque un club se interesa en él. Y los niños y las familias esperan eso, es lo más fuerte que pasa en ese negocio. Cuando Maradona tenía 10 años lo entrevistan y le preguntan qué espera lograr y él contesta que quiere ser campeón del mundo. Esa entrevista la hice años después a distintos niños en el mundo y te dicen: espero comprar una casa a mi mamá, un taxi a mi abuelo, una carnicería a mi papá. Los niños saben que están en eso para ganar plata, no para ganar una copa. Son víctimas. Ven el futbol como una salida económica, no como un deporte. El futbol tiene esa particularidad de transformar todo en otra realidad. Por ejemplo, si llevamos un niño de 8 años a Europa para trabajar en la cosecha de durazno con la esperanza de volverlo el mejor colector de duraznos del mundo, dirán que es un trabajo esclavo. Si lo hacemos con un niño futbolista, todo el mundo va a decir “qué bueno, es un futuro crack”. El futbol tapa todo.

 

Ha habido intentos de regular la compra-venta de jóvenes, En Brasil con la Ley Pelé y también en Italia. hay convenciones de la ONU sobre el trabajo infantil. Pero en el caso del futbol, todo eso parece no funcionar…

La última ley de la FIFA, que ya quedó vieja, estipula que no podían firmar los niños antes de los 12 años y no podían viajar sin padres hasta los 18. Con el resultado de que ahora compran niños de 8 años. La FIFA pensaba que eso no iba a ocurrir, porque era un negocio muy arriesgado, no obstante, ocurrió. Recién se llevaron un niño mapuche de Argentina a España a los 8 años. Es muy difícil que ese niño a los 9 años pueda decidir que ya no quiere ser futbolista, sino astronauta, porque ya está embarcado. Es difícil regularlo; deberían prohibir que la gente se mueva. Hay casos como el de Lionel Messi, donde se llevaron al padre a España contratado como contador, aunque nunca trabajó en eso. Hay que tener claro que a esos niños no se les da tiempo, se les exige desde ahora que sean el goleador de su equipo infantil. Es una locura mundial. En Bélgica se contrató a un chico de 20 meses por hacer dos piruetas en un video. El club se da cuenta que puede ser un buen gancho comercial; y hay niños firmando contratos a una edad muy temprana, cuando ni siquiera saben escribir.

 

Todos te dicen que no es negocio. ¿Por qué entonces casi todos los niños que contactaste ya tenían un representante?

El gran culpable de todo eso es Messi, porque su caso fue el primero. Lo compraron en pocos miles de euros y en poco tiempo valió millones de euros. Es tan brutalmente bueno ese negocio que despertó el apetito de los clubes. Cuando compré el ternero, muchos se enojaron conmigo; y me decían que si me lo comía no me iban a hablar nunca más. Cuando hablé de comprar un niño futbolista, la mayoría quería ser parte del negocio. Antes se llevaba el producto terminado, Maradona llegó a los 20 años a Europa, cuando ya era alguien. Ahora se llevan materia prima barata.

 

Entrevistaste también a un funcionario de la FIFA que habla de una manera bastante cínica del asunto…

Todos los managers y entrenadores de la FIFA están metidos en el negocio. Te hablan abiertamente de si el chico es lento o rápido, de que no va a funcionar, de cómo hacer para esconder el negocio. Como si te hablaran de una mercancía. Me dijeron que no me encariñe con los niños. Para la FIFA ese tema es una deuda pendiente.

 

La mayoría de los niños no lo logran. ¿Cuántos quedan en el camino?

Es imposible hablar de cifras porque es un negocio oculto en negro. La probabilidad más alta es que el niño nunca lo logre porque cambia, no se adapta, tiene otros talentos, o puede ser por las chicas, la droga y el estudio que son las amenazas, según los managers. Si llega, lo más probable es que te lo robe otro representante “tiburón” más grande. Pero es un negocio rápido y barato. Puedes comprar un niño, promocionarlo con algunos videos como el nuevo Messi y venderlo de nuevo con ganancia en seis meses.

 

Llevar un niño de Aquí a Europa a promocionarlo cuesta 10 mil dólares. ¿Cómo seleccionas y negocias?

Javier Mascherano, un seleccionado argentino que juega en el Barcelona, me dijo que todos los padres piensan que su hijo es Messi. Entonces tienes que explicarles que no, debes negociar a la baja. También hablé con el manager de Maradona, Guillermo Coppola, que me dio algunas pistas sobre cómo tienen que ser los niños para triunfar: deben ser “encaradores” con las mujeres porque es una actitud de vida de querer conquistar.

 

¿Qué pasa con los niños que no lo logran?

El futbol es la telenovela de los hombres y solo cuentan los finales felices. Con el fut pasa igual, conocemos las historias de Messi, Falcao, Neymar que salen de la pobreza y se hacen millonarios. Pero la inmensa mayoría fracasa. Yo cuento la historia de un niño argentino que ganó un reality, pero en la prueba en el Real Madrid tiene tantas ganas de triunfar que se lesiona y se tiene que regresar a casa. Esos niños son tan baratos que si no resultan a la primera, son descartados y se van. Hoy ese niño vende gaseosas en su pueblo. Son desechables, es el capitalismo del milagro. Es como jugarse la lotería. Si no nos ganamos la lotería rompemos el boleto y lo tiramos a la basura. Pero con los niños es más difícil. Por esa razón, una ley tendría que proteger a esos niños que no lo logran. Estos chicos terminan volviendo al mismo lugar pobre de donde partieron, porque casi todos son chicos pobres. La clase media prefiere que sus hijos estudien y la clase alta compra clubes de futbol en lugar de meter sus hijos a jugar. Los niños regresan con la frustración de no haber llegado; y el tipo que está triunfando tal vez jugó con ellos. En Perú conocí un niño que jugó con Messi y cada vez que Messi metía un gol, su padre le decía: Kevin, tú tenías que haber llegado allí.

 

En el mejor de los casos regresan a sus casas, pero otros se quedan pidiendo en la calle.

Sí, eso pasa mucho en Italia y Francia, sobre todo con niños de África que terminan en redes de prostitución y tráfico de droga y se les pierde el rastro. En Alemania hay niños turcos que los padres usan para migrar. En Perú vi a niños colombianos de 14 años haciendo los jardines de un club. Ése es el gran drama que se esconde detrás de este negocio.

 

Tú nunca haces juicios propios sobre lo que está ocurriendo y al final uno deja el libro con más preguntas que respuestas.

Hay mucha gente que ha leído el libro con distintas lecturas. Me llamó un manager desde Madrid muy conmovido, y quiere hacer una ONG defendiendo a esos niños. Y a los pocos días me escribió un empresario de Barcelona para hacer una empresa online para reclutar a esos niños y hacer una fortuna cobrando cinco dólares a cada niño, para hacer una plataforma donde subir videos de promoción que consulten los grandes clubes. Otro día me topé con un señor que andaba por México con mi libro debajo del brazo, porque dice que allí se deben fijar en él para comprar un niño. Este tema es complejo. El padre de Neymar dice que él es el padre del crack dentro de su casa; pero cuando da un paso fuera del hogar pasa a ser el presidente de la Empresa Neymar. A la mitad del mundo le parece obvia, a la otra le parece terrible. El libro te enfrenta con ese dilema.

 

¿Y cómo se puede solucionar esa paradoja?

Yo no sé cómo solucionarla. Espero que los que han leído el libro, la próximo vez que un club anuncia haber traído un nuevo “niño-futbolista-milagro”, se detengan un segundo a pensar si está bien o está mal. Eso fue lo que me propuse.