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Cuidador de enfermos

Un hombre solitario que empieza a conducirse como un Quijote que intenta que los enfermos terminales se sientan lo mejor posible.

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El último paciente: crónica, ganadora en el Festival de Cannes por mejor guion cinematográfico, narra la historia de David, un enfermero que se dedica al cuidado de enfermos terminales. En primera instancia nos sorprende porque nos damos cuenta de que su comportamiento es obsesivo, aunque no se trata de un ser atormentado que sufre y devanea, sino un personaje que logra cautivarnos porque es meticuloso en el cuidado de los enfermos y hace lo que está a su alcance para que se sientan bien.

Desde el inicio, en el planteamiento de la película, vemos el trato amoroso que da a su esposa en sus últimos días de vida; tras la muerte, se convierte en un hombre solitario que empieza a conducirse como un Quijote que intenta que los enfermos terminales se sientan lo mejor posible, como John, el anciano que busca sentir placer con su última erección mientras su familia es incapaz de entender la necesidad de satisfacer los deseos de un hombre que tiene las horas contadas.

Así, David recorre un mundo de enfermos para dedicarse de forma inusitada al resarcimiento del dolor, como si fuera una expiación, como si se sintiera mal por tener salud, por lo que lo único que puede salvarlo es tratar a los pacientes con absoluta dedicación, desde arrancarles un desahogo sin importar el llanto más incontrolable, un insulto dicho con rabia, hasta mantenerlos limpios.

Los acontecimientos avanzan bien en cuanto a su estructura y logran atraparnos porque nos muestran un mundo que no estamos acostumbrados a ver, pues aparte de doloroso, siempre resulta una pesadilla de la que se tarda en despertar y puede prolongarse hasta el infinito.

En realización, el autor usa como estilo personal los planos de desarrollo, evita los intercortes para mostrar la acción completa alejándose rotundamente del melodrama y para otorgarle a la narración un amargo dejo de realismo; con eso logra que la película adquiera tensión, dramatismo y parezca un documental. Cabe señalar que la actuación de Tim Roth está muy bien trabajada, evita las gesticulaciones para darle sustento al plano y a la historia y acrecentar la idea de realidad.

El final es sorpresivo: alguien podría decir que está sacado de la manga, pero está lejos de eso, pues está fundamentado en una ironía que desencaja, pues quien se dedica con tanta pasión a los enfermos terminales —resulta una perogrullada que no le quita nada de atroz a la fragilidad de la existencia— puede, como cualquiera de nosotros, estar hoy, pero mañana quién sabe.

“El último paciente: crónica” (México-Francia, 2015), dirigida por Michel Franco, con: Tim Roth y Robin Bartlett.

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