La cucaracha gigante

El esquema Ponzi consiste en una operación financiera mediante la cual se les paga a los inversionistas con dinero proveniente del capital invertido por inversionistas nuevos, y no por ganancias ...
Charles Ponzi.
Charles Ponzi. (Especial)

México

Hace algunos años leí un artículo de Thomas Frank en el que se refería a la sociedad organizada como una especie de “esquema Ponzi interminable”. El esquema Ponzi consiste en una operación financiera mediante la cual se les paga a los inversionistas con dinero proveniente del capital invertido por inversionistas nuevos, y no por ganancias a la inversión original. El nombre de la operación proviene de Charles Ponzi, quien a comienzos del siglo XX la utilizó en repetidas ocasiones de manera fraudulenta, hasta que finalmente fue descubierto. La referencia de Thomas Frank, intuyo, no consistía en sugerir que la sociedad es un gran fraude, sino en que los acuerdos económicos y políticos consisten básicamente en nuestra capacidad de pedir prestado contra nuestro propio futuro y nuestras propias creencias. En términos económicos y financieros, lo anterior es muy claro: los bancos centrales imprimen el dinero que se inyecta a la economía basados en ciertos parámetros altamente técnicos que nadie más que los muy expertos comprenden, pero no es que en sentido estricto ese dinero esté respaldado por nada más que por la creencia en que así es como funciona el propio sistema. Es decir que, sin nuestra creencia en su valor, el dinero no es más que papel sucio. En términos políticos, el discurso fundamental consiste en que ahora sí nos estamos moviendo hacia resolver los principales problemas de la sociedad, y el siguiente en turno promete lo mismo, el siguiente lo mismo, y así sucesivamente. Es decir, que alimentamos nuestro presente de manera continua con la expectativa de un futuro que ahora sí será mejor.

Sin embargo, en este momento es imposible no preguntarse cuánto más aguantará la liga de nuestro actual pacto social, tanto doméstico como internacional. Previo al foro económico de Davos, la ONG Oxfam publicó un reporte donde muestra que el 1 por ciento de la población mundial posee ya el 48 por ciento de la riqueza, y proyecta que en 2016 ese 1 por ciento será ya dueño de la mitad de la riqueza global. También revela que los 80 individuos más ricos del mundo poseen una fortuna equivalente a la de la mitad de la población. Por otro lado, sabemos que el propio Estado sanciona la pobreza puesto que, oficialmente, el salario mínimo se encuentra por debajo del salario de subsistencia. Lo más increíble es que, en un sistema que privilegia el egoísmo y la competencia como motores principales del bienestar colectivo, las propias élites no puedan darse cuenta de que en aras de ese interés egoísta, de poder mantener sus privilegios y su dominio, les convendría relajar un poco el fundamentalismo de mercado que les permite continuar amasando de manera indefinida sus ingentes fortunas. Ponzi estaría orgulloso de ellos.