Ficción perversa

El suspenso y encanto que se logra en la primera parte de 'Ninfomanía' se diluyen en la segunda parte en situaciones cargadas de una perversión tan rabiosa que los acontecimientos se vuelven ...
El final es absurdo.
El final es absurdo. (Especial)

México

En Ninfomanía, segunda parte, el desprecio por los personajes principales adquiere un valor inusitado —en la dramaturgia de Lars von Trier, la suma de dos más dos, no son cuatro—. El suspenso y encanto que se logra en la primera parte —pues estamos intrigados por lo que cuenta Joe, contrapunteado por las metáforas de Seligman— se diluyen en la segunda parte en situaciones cargadas de una perversión tan rabiosa que los acontecimientos se vuelven irreales y terminan por ser inverosímiles; esto nos obliga a tomar distancia a la mitad de la película.

Hay varios ejemplos de lo anterior: la postura de Joe cuando se da cuenta de que Seligman no está erotizado por su narración, es forzada porque lo normal es que eso no le importe al personaje; en ese momento descubrimos una composición fallida de causa-efecto en la estructura del guión, pues resulta que el viejo no se excita porque es virgen y nunca ha estado con una mujer. Esto es un embuste que traiciona la historia y solo reafirma que estamos viendo una ficción en la que se "juega" con las cartas de una perversidad muy amañada. Se nota la mano del autor.

La sensación de estructura quebrada se hace presente otra vez cuando Joe se vuelve acreedora judicial y practica la tortura que aprendió en sus hirientes sesiones sadomasoquistas con sus deudores, y cuenta a uno de ellos —amarrado a una silla con el sexo de fuera— cualquier cantidad de historias que no lo inmutan, hasta que descubre que es un pederasta mental y con eso logra una erección. ¡Qué flojera!

El final es absurdo: si hubiéramos visto que Seligman se erotiza con la historia, sería lógico que intente tener sexo con Joe, pero nunca vemos que se ponga cachondo y, peor aún, si Joe no pudo matar a Jerome aunque sea por una cuestión de azar, no tiene fundamento que mate a su interlocutor.

Ver las dos partes de Ninfomanía da una sensación completa de la historia: la primera logra engancharnos porque nos involucra no por su erotismo sino por su juego de géneros, tonos, su fuerte reconcentración de odio y sus metáforas bien pensadas, pero en la segunda los acontecimientos jalan hacia cualquier parte y se pierden como el autor en su premisa.

Después de recapacitar la estructura general de la historia, se siente que al autor le importan un bledo sus contradicciones argumentales y de personaje, así como que la película dure cinco horas, pues están presentes los lineamientos específicos del Dogma 95, que van contra todos los cánones establecidos por el mejor cine de papá.

Ninfomanía, segunda parte (Dinamarca, 2013), dirigida por Lars von Trier, con Charlotte Gainsbourg y Stellan Skasgaard.