Cine cantinflesco

El guionista se vanagloria de que tardó dos años en escribir el guión, ¡claro que se nota! Por eso carece de emoción, que es exactamente lo que abunda en 'No te engañes corazón', 'Águila o sol' y ...
El filme carece de estructura dramática.
El filme carece de estructura dramática. (Especial)

Me resulta difícil hablar bien de Cantinflas, película que aborda la vida de uno de los personajes más conspicuos del cine mexicano. Por más que lo intenté, no encontré manera; llegué a la conclusión de que hablar bien de algo que está muy mal es imposible.

El guionista se vanagloria de que tardó dos años en escribir el guión, ¡claro que se nota! Por eso carece de emoción, que es exactamente lo que abunda en No te engañes corazón, Águila o sol y Ahí está el detalle.

La historia no tiene estructura dramática, el guionista no sabe qué es ir in crescendo; apenas logra un bosquejo, una idea vaga, y por eso el resultado es un galimatías o cine cantinflesco, es decir, una historia que no va a ninguna parte porque intenta ir a todos lados y solo genera confusión.

Si los conflictos que plantea la película están bosquejados, es evidente que no nos enteramos de la problemática con la ANDA y la CTM, por qué la toma de los estudios Churubusco, cómo impactó la infertilidad a Mario Moreno, etcétera. Todo es superficial, los acontecimientos aparecen como un rompecabezas donde las piezas hay que encajarlas a la fuerza porque no embonan.

Si el guión es un galimatías, la realización lo apoya ya que la puesta en imagen es deplorable: dos tipos se pelean en la carpa pero parece que están besándose, se ve que el público se ríe con falsedad de los chistes de Cantinflas, los actores se mueven en la escena como si estuvieran buscando sus marcas, la decoración y escenografía pecan de acartonadas e inverosímiles. Las locaciones son producto de una ignorancia febril, como la carpa de Shilinsky, ubicada a un lado del quiosco morisco, lo que provoca indignación, pues pagamos un boleto para ver una la película sin pies ni cabeza.

De ninguna manera se puede creer que un productor de la talla de Mike Todd no supiera quién es Charles Chaplin, y lo más deleznable es que los autores no se hayan dado cuenta de que ese encuentro entre Todd y Chaplin en un restaurante de California en 1955, es a todas luces una mentira, pues Chaplin residía en Londres y París desde 1952, ante la prohibición de ingresar a los Estados Unidos por los motivos que todo mundo sabe, excepto los incapaces de hacer una investigación seria. Ante este cantinflesco galimatías, no queda más que pensar que la carta que le mando Chaplin a Cantinflas desde quien sabe dónde, es pura mentira.

Mario Moreno no debe estar molesto por semejante bodrio, pues sabe que algún día un equipo profesional le hará justicia, para bien o para mal. 

Cantinflas (México, 2014), dirigida por Sebastián del Amo, con Óscar Jaenada e Ilse Salas.