La crítica: La venganza de la edición

De ello depende el fracaso o el éxito de una película y la elección de escenas debe hacerse con suma concentración.
Malas decisiones con la tijera.
Malas decisiones con la tijera. (Especial)

Cuando se tiene un guión bien estructurado, con la motivación del personaje principal adecuada a la premisa, el cineasta se enfrenta con seguridad al rodaje; esto, a su vez, le permite llegar al proceso de edición con una mente más diestra, más dedicada, que le permite tomar decisiones importantes. Es una etapa fundamental: es la primera vez que el autor mira su historia, cuando pesan los errores que se cometieron en la escritura del guión y los que no se pudieron salvar en la realización.

En edición, el cineasta se enfrenta, valga la metáfora, a un “ser vivo” que puede tomar venganza: una secuencia a la que no se le dio importancia desde el guión puede resultar importantísima y absorber todo para adquirir vida propia en la pantalla, mientras aquella a la que le dimos marcado interés puede resultar inútil e inoperante. La edición es una etapa de decisiones que deben hacerse con concentración, porque de eso depende el fracaso o éxito.

En 12 años de esclavitud está presente este síntoma; llama la atención la manera trepidante de su arranque y la bien sostenida primera parte del segundo acto de la trama, con acontecimientos que siguen involucrándonos en la historia. Pero en una serie de malas decisiones con el uso de las tijeras, a partir de la hora y cuarto, en pleno desarrollo, nos damos cuenta de que la historia empieza a detenerse y, aún peor, a repetirse.

Con dos secuencias como ejemplo basta: Solomon es enviado al pueblo por el “ama” y decide huir, pero en su intento se encuentra en el camino a un grupo de blancos linchando a dos negros; es una situación ubicada demasiado tarde dentro de la estructura, porque sabemos no va a prosperar y eso desvanece sus pretensiones. Si se hubiese eliminado en edición, no pasa nada. Segundo, cuando Solomon pide a un blanco, condenado al trabajo pesado por alcohólico, lleve una carta al correo y éste lo delata ante el “amo”, no tiene ninguna importancia dramática porque no sucede nada; también, si se elimina, le haría bien a la intensidad lograda.

La película es un melodrama con un guión estructurado, fraguado con verosimilitud y acciones que logran enganchar al espectador; espléndida fotografía, manejo de los encuadres y de la cámara en mano, así como actuaciones de primer nivel y un logrado final. Pero la película dura dos horas y media, y tiene acontecimientos que hacen que este “ser vivo” tome venganza contra sí mismo, porque no aportan nada a la narrativa de la película y pesan como un fardo en tantos años de esclavitud.

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“12 años de esclavitud” (Inglaterra y Estados Unidos, 2013), dirigida por Steve McQueen, con Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender.