La crítica: Más vale pájaro en mano...

La ironía está fabricada: Eddy y Osma, emigrantes, están a un tris de ser vagabundos sin un centavo y tienen que hacer mil piruetas para salir adelante.
Samira, Eddy y Osma.
Samira, Eddy y Osma. (Especial)

En la víspera de la Navidad de 1977 en Suiza, Eddy sale de la cárcel; Osma, su único amigo, lo recoge y lleva a su casa para hospedarlo. Le presenta a Samira, su hija de ocho años; nos damos cuenta de que apenas tienen para comer y están pasándosela canutas. En la cena, Eddy regala a su amigo un televisor portátil que seguramente es robado, y se enteran de la muerte de Charles Chaplin, quien le deja una herencia de millones de dólares a su familia.

La ironía está fabricada: Eddy y Osma, emigrantes, están a un tris de ser vagabundos sin un centavo y tienen que hacer mil piruetas para salir adelante, de la misma forma en que lo hacía Charlot. Osma se siente presionado porque su hija quiere estudiar, pero no tiene los recursos. Las noticias de la muerte del cómico rondan como pan caliente, y a Eddy se le ocurre una idea siniestra, grotesca, desequilibrada para salir de semejante situación: secuestrar el cuerpo de Charlot, enterrarlo en otro lugar y pedir un rescate a la familia.

Con una sonrisa de malandrín se lo propone a Osma; éste no puede evitar ponerse histérico porque sabe que su amigo habla en serio y le pide que no cuente con él. Pero los conflictos de Osma continúan en ascenso, uno a uno van acorralándolo en la
desesperación, hasta que llega la gota que derrama el vaso, pues Rosa, su pareja y madre de Samira, interna en un hospital con un problema serio en la cadera, necesita que la operen y eso resulta caro.

Los acontecimientos logran movimiento dramático y, de manera natural, se deja venir el primer punto de inflexión: Osma acepta secuestrar el cadáver.

La última película de Xavier Beauvois aborda el tema mezclando la comedia con el drama; estamos absortos en los acontecimientos, que a veces se cargan de un humor negro que merece aplauso, y en otras deja ver que el drama está latente, infundiéndole a la narración un acento de ironía que se vuelve emocionante, pues lo ridículo de la situación se transforma en rompimiento contundente: la tragedia puede emerger en cualquier momento.

El conflicto ascendente está trabajado como si el autor hubiese seguido minuciosamente los lineamientos que expone Lajos Egri en El arte de la escritura dramática: encajona a los personajes en obstáculos que van en aumento y eso los hace reaccionar para evitarlo, aunque poco a poco se les va de las manos.

El autor decide el trabajo académico, se va a la segura: los malos logran nuestra empatía y no podemos evitar sentir lástima, lo que quiere decir que "más vale pájaro en mano que ciento volando". m

'El precio de la fama' (Francia y Bélgica, 2014), dirigida por Xavier Beauvois, con Benoit Poelvoorde y Roschdy Zem.