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Viernes , 25.05.2018 / 03:16 Hoy

La crítica: Teatro: La Titeriá abre sus puertas /Y II

Las capacidades gestoras y la creación de públicos deben cubrir una parte importante de sus necesidades.

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La crítica

¡Abrió al fin La Titería, Casa de las Marionetas! Amén del descomunal esfuerzo de sus promotores, encabezados por Lucio Espíndola y Lourdes Pérez Gay, la delegación Coyoacán (que vive en la coyuntura de todas las delegaciones entre apoyar o extorsionar) dio en comodato el terreno, la Federación ha aportado más de cuatro millones de pesos a través del Paice, y también una red de solidaridad se tejió gracias a aportantes de la sociedad civil que, con muchos miles de pesos o muy poquitos, han posibilitado que este espacio venga a ser un parteaguas.

En realidad hay antecedentes de espacios escénicos dedicados al teatro para niños y marionetas en México desde el siglo XIX con el teatro América, de la Compañía de los Hermanos Rosete Aranda, o el Titiriglobo, que funcionó en la segunda mitad del siglo XX y marcó a muchas generaciones.

Si bien en Guadalajara está por abrirse un esfuerzo similar que ha descansado (cansado) sobre las espaldas del titiritero Antonio Camacho y lleva por nombre Centro Cultural para la Niñez, la urgencia de replicar el modelo (como pidió Bertha Hiriart en la inauguración de La Titería) en un país con más de 30 millones de menores de 18 años es total. Ante los miles de millones de pesos que se gastan en armas y efectivos militares y policiacos, y los miles de millones que el crimen organizado hace que se pierdan, las cifras de dinero destinado a educación y cultura siguen siendo ridículas en este país en guerra. Y del presupuesto destinado a cultura, una parte muy pequeña es la que se destina a las expresiones artísticas dirigidas al público joven.

Es claro que urgen reformas legislativas para sacar a los espacios teatrales y culturales menores a 300 butacas de la Ley de Establecimientos Mercantiles de la Ciudad de México (y otros municipios) para fomentar la participación de entidades civiles en el desarrollo cultural sin importar rangos de edades. Y es claro, además, que tales espacios requieren de otras leyes para su protección. Pero también, a nivel de políticas públicas, es importante reformular ya el Programa Nacional de Teatro Escolar para que los millones de niños y jóvenes que nunca han asistido al teatro (y otras actividades afines) lo hagan.

La labor de La Titería o del Centro Cultural para la Niñez parten de iniciativas civiles que ciertamente no se entienden sin el acompañamiento de las instituciones, que debe ser permanente si bien no total. Las capacidades gestoras y la creación de públicos deben cubrir una parte importante de sus necesidades.

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