La crítica: Teatro y movilización social

El desempeño de la comunidad artística, y en específico la teatral, ha sido impecable en estas semanas de indignación.
La comunidad artística, impecable.
La comunidad artística, impecable. (Especial)

México

Hace cosa de una semana, en una asamblea de la comunidad artística, una compañera teatrista que fue golpeada en la cabeza por granaderos en la marcha del 20 de noviembre en un contingente que apenas iba entrando a la plancha del Zócalo, me comentaba que llevaba dos crisis en las que se le entumecía la boca y le resultaba inútil levantar el brazo derecho. A esa marcha se decidió por no llevar a su niña de 5 años que ya la ha acompañado, junto con su marido, director escénico, a otras marchas. Muchos otros, ese día, fueron golpeados sin otra razón que la de manifestarse pacíficamente. No sé si se dará cuenta el señor Peña Nieto o sus asesores buscan encubrirle la verdad para no alterar más sus nervios, pero esa no fue una “contención” a los mal llamados anarcos que arrojan petardos e incendian puertas históricas: eso fue una represión concertada contra un contingente pacífico que por la calle de 5 de Mayo aún no alcanzaba el corazón de la ciudad y del país.

En la protesta del 1 de diciembre el encapsulamiento de otro grupo de teatristas por parte de los granaderos hizo evidente que no les interesan tanto los anarcos que podían pasear sin ser aprehendidos, mientras los colegas, con rostros descubiertos, eran intimidados. De no ser por un amplio grupo de representantes de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos que crearon un escudo humano, la resultante de ese encapsulamiento podría haber sido cualquiera.

Ha sido muy esclarecedora la lectura de algunos artículos de Lorenzo Meyer, Juan Villoro y Enrique Semo sobre el estado de cosas en el que nos tiene sumergidos la nula capacidad del señor Enrique Peña Nieto para dirigir nuestros destinos. Y peor ha sido la respuesta de éste cuando, apelando al artículo 87 constitucional, la Nación se lo demanda. El desempeño de la comunidad artística, y en específico la teatral, ha sido impecable en estas semanas de indignación. Desde pequeñas acciones de “teatro invisible” a la usanza de Augusto Boal, hasta los performances masivos y los cánticos en las marchas, apelan a un México sin violencia.

Todas han sido expresiones no violentas. Nos han faltado zócalos para llenárselos, señor Peña Nieto.

Ante el duelo por las partida del gran dramaturgo Vicente Leñero y del fotógrafo escénico Fernando Moguel, ambos por cáncer, la comunidad teatral y cultural debe sentirse gozosa al escuchar las enérgicas palabras del poeta y teatrero Hugo Gutiérrez Vega en la FIL de Guadalajara, o al ver la camiseta que portó ahí mismo el novelista Fernando del Paso con la leyenda: “¡No mames, Peña Nieto!”.