La crítica de teatro: 20 años de poesía en señas

Para Lomnitz la batalla ha sido ardua para que su proyecto se entienda como artístico y no como asistencial.
Imagen de la obra "¡¿Quién te entiende?!".
Imagen de la obra "¡¿Quién te entiende?!". (Especial)

México

El miércoles pasado, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, se celebraron 20 años de labor ininterrumpida de la compañía Seña y Verbo; agrupación teatral profesional y bilingüe que se distingue en el amplio mosaico del quehacer escénico nacional no sólo por la especificidad de su trabajo sino por la calidad del mismo. La mayoría de su equipo de actores es de sordos pero su trabajo es para ambos mundos: el de los oyentes y el de los sordos, tendiendo puentes, creando poesía en señas. Desde octubre de 1993, con el estreno de La fiesta del silencio dirigida por Enrique Singer y La representación o los peligros del juego de Hugo Hiriart bajo la dirección de Alberto Lomnitz (su fundador), Seña y Verbo ha sido objeto de las valoraciones más extravagantes aunque sean elogiosas, siempre atravesadas por el prejuicio y el paternalismo ante la discapacidad de la sordera. Para Lomnitz la batalla ha sido ardua para que su proyecto se entienda como artístico y no como asistencial. Es decir, aunque la labor ha ayudado a visibilizar la marginación de los sordos en México y ha contribuido a la difusión y aceptación del Lengua de Señas Mexicana (que era, como dice Haydeé Boeto, prácticamente ilegal hace 20 años), el teatro como arte ha estado en todo momento al frente de todas las cosas.

En sus inicios, Alberto Lomnitz se enfrentó a un mapa brutalmente desfavorable: “La gran mayoría de los niños sordos tenía prohibido comunicarse por medio de señas, tanto en la escuela como en el hogar […] El resultado de esas políticas educativas (que se mantienen hasta hoy en la SEP) era una población de sordos en extrema marginación cuya enorme mayoría eran señantes monolingües sin comprensión del español, con una considerable porción de sordos alingües (sin idioma alguno) o semilingües. El mismo rechazo oficial a la lengua de señas [hacía] casi imposible traspasar la barrera de marginación de esta comunidad.” Y sin embargo, Alberto fue capaz de formar y profesionalizar a un grupo de actores sordos que dibujan palabras con las manos y tocan el alma del espectador no por su discapacidad sino por su enorme capacidad expresiva y artística. Lucía Olalde, Guadalupe Vergara, Jofrán Méndez, Eduardo Santana y Roberto de Loera han compartido escena con actores de primera línea simplemente contando historias en el teatro, de manera bilingüe. El misterio del circo donde nadie oyó nada, El rey que no oía pero escuchaba, ¡¿Quién te entiende?! y UGA siguen siendo, de las obras que les he visto, mis favoritas. Felicidades al equipo de Seña y Verbo.