La crítica de teatro: Partidas del 2013/I

Mi amistad con Carla Matteini fue flechazo a primera ironía. Nos conocimos en un congreso en la Universidad de la Rábida, y el cruce de comentarios mordaces, chanzas e ironías al calor del jamón ...
Carla Matteini.
Carla Matteini. (Especial)

México

El año que se fue se llevó consigo a algunas personas entrañables para quien escribe, y entre ellas quisiera mencionar a tres en particular que, paradójicamente, nunca estuvieron sobre la escena en un papel artístico de los tradicionalmente reconocidos: un crítico, Felipe de la Lama; una traductora, Carla Metteini, y un ingeniero en equipos de iluminación y mecánica teatral, Didier Alexander-Katz.

Aunque Felipe de la Lama trabajó algunos años como actor con Enrique Alonso Cachirulo, al menos las últimas dos décadas de su vida las dedicó a comentar el teatro desde distintas trincheras periodísticas. Nació en España, paro llegó con su familia a México desde 1942, y muy pronto se vinculó con las escuelas del INBA y de la ANDA. Fue socio y directivo de la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro, a la que criticaba —¡hacía pedazos!— con desparpajo e ironía sin igual. De alguna manera los críticos que compartían los estrenos con él, como Marilyn Ichazo, Malkha Rabel, Luis Sánchez Cebada, Emmanuel Haro Villa y, entre otros muchos, Rafael Solana, representan una época del teatro mexicano cuya memoria se desvanece. Felipe, hermano de la activista Martha de la Lama (quien murió unos meses después), era un amigo entrañable y de aquellos personajes que siempre le suman algo al teatro desde su modesta trinchera, porque sus críticas tanto a espectáculos específicos como a las políticas o modos de producción de nuestro teatro siempre ponían ladrillos por delante, construyendo algo.

Mi amistad con Carla Matteini fue flechazo a primera ironía. Nos conocimos en un congreso en la Universidad de la Rábida, y el cruce de comentarios mordaces, chanzas e ironías al calor del jamón de bellota y el humo del cigarro nos llevó a estar atados para lo que nos restó de tiempo para compartir. Carla fue la traductora oficial, favorita y consentida de Dario Fo para la lengua castellana, amén de ser amiga suya, así como de la también desaparecida en 2013, Franca Rame. “Es una pérdida muy importante para mí en este año de ausencias tan graves; lo es porque (Carla) era una mujer extraordinaria; no exagero si afirmo que era la mejor traductora que he tenido, no solo en español, sino en cualquier lengua”, afirmó el premio Nobel de Literatura 1997 el 18 de septiembre pasado, quien añadió: “Tenía una personalidad grande, porque era inmenso su lenguaje, sus formas al utilizarlo, todo ello alimentado por su modo de vivir, con devoción hacia la palabra, y de una manera que hemos olvidado en el común uso normal del lenguaje.”