La crítica de teatro: 34 MUESTRA NACIONAL DE TEATRO /I

Como cada año, la fiesta más importante del teatro suma propuestas de la más diversa índole tanto en sus intenciones artísticas como en contenedores escénicos.
Tocó al gobernador Jorge Herrera Caldera (al centro) entregar la medalla Xavier Villaurrutia.
Tocó al gobernador Jorge Herrera Caldera (al centro) entregar la medalla Xavier Villaurrutia. (ángel meraz)

El pasado viernes 15 arrancó en la ciudad de Durango la 34 Muestra Nacional de Teatro, con propuestas escénicas de Baja California, Chihuahua, Distrito Federal, Durango, Jalisco, Michoacán, Nuevo León, Oaxaca, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Tamaulipas, Veracruz y Yucatán. Como cada año, la fiesta más importante del teatro suma propuestas de la más diversa índole tanto en sus intenciones artísticas como en contenedores escénicos, que van de lo tradicional a lo no convencional o fronterizo, pasando por el teatro para públicos jóvenes (que sin duda es una de las fortalezas de México). No hay manera de tomarle el pulso a la escena nacional sin pasar por la muestra: en ella se evidencian fortalezas, debilidades y rumbos. Un ejemplo de ello es la casi extinción de las puestas para gran formato, lo que hace difícil la utilización de los grandes edificios teatrales del país.

El encuentro entre profesionales se ha visto enriquecido en las dos ediciones recientes con la presencia de programadores de festivales internacionales. Acierto que convierte a la muestra en una ventana para la internacionalización del teatro mexicano, como ya sucedió con algunas puestas en escena que participaron en la edición pasada. Así, amén de la programación de 35 obras, mesas redondas, presentación y venta de publicaciones, conferencias, talleres y exposiciones, el encuentro viene a ser también un mercado de nuestro teatro para que nos represente de la mejor manera posible en el extranjero, que es cuando un programador internacional ve con sus ojos y no cuando las instituciones mandan representantes por dedazo, como ocurría hace algunos años.

En este marco también se entregó la medalla Xavier Villaurrutia, que reconoce a teatristas de larga trayectoria por sus destacados aportes a la escena nacional. Este año la recibieron Abraham Oceransky, Raúl Zermeño y Gerardo Moscoso. Abraham pertenece a la generación que daba sus primeros pasos a fines de los años sesenta y principios de los setenta; sin duda, fue uno de los renovadores del teatro mexicano en su momento y sigue probando formas incansablemente. Se ha desempeñado como director, productor, escenógrafo, iluminador y maestro de muchas generaciones. También se ha distinguido por propiciar espacios escénicos que han sido determinantes para cambiar la concepción de la relación escena-modos de producción y escena-espectador como el legendario Teatro El Galeón o el Teatro T. No conozco aún su más reciente apuesta con el Teatro La Libertad (2009) en Xalapa, Veracruz, pero no es difícil imaginar sus alcances.