La crítica de teatro: Dramaturgia chilena /y II

El teatro se enfrenta al resurgimiento de la palabra desde lo corpóreo y lo performático.
Sus obras serían un gran éxito en México.
Sus obras serían un gran éxito en México. (Especial)

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, cuya cabeza en teatro es la importante dramaturga Lucía de la Maza, ha publicado recientemente la recopilación de obras que reúne a las ganadoras de la 14 y la 15 Muestra Nacional de Dramaturgia. Así que a los nombres que mencionamos en la entrega anterior hay que sumar los de Sebastián Caréz-Lorca, Pablo San Martín, Álvaro Carmona, Sergio Gómez, Tomás Henríquez, Alejandro Moreno, Alejandra Moffat o Camila Paris, los que ya constituyen una nómina de autores de al menos dos generaciones recientes que han tomado los escenarios chilenos por asalto y ya comienzan a dar pasos hacia una internacionalización. Cabe destacar que la Muestra Nacional de Dramaturgia ha representado uno de los pocos espacios que han empujado a los escritores de ese país y, si bien por muchos años los nombres de Radrigán, Díaz o De la Parra se repetían ante la falta de nuevos cuadros, los jóvenes llegaron para quedarse.

Obras como La mala clase, de Luis Barrales, hoy serían un éxito bestial en México ante el conflicto magisterial, por ejemplo —por eso es tan importante el cruce de textos entre los países y no solo de espectáculos—. O las piezas de Benito Escobar, que nos alucina con su brutal humor negro y sus antihéroes en Ulises o no, o Gerardo Oettinger con su Al volcán, que habla de las omisiones del Estado respecto a la muerte de 40 soldados chilenos por hipotermia en la cordillera, que nos recuerda el caso de los soldados mexicanos muertos por deshidratación en el desierto bajacaliforniano, etcétera.

Para Amalà Saint-Pierre, “es sobre los restos de esa década (los noventa del siglo pasado) —que constituyó una bisagra de transición democrática— que se asoman los albores del siglo XXI. El teatro se enfrenta al resurgimiento de la palabra desde lo corpóreo y lo performático. Asimismo, la temática de la memoria se hace nuevamente escuchar, pero esta vez desde la voz de los hijos de la dictadura, a la vez que surgen otras temáticas sociales (a primera vista más alejadas de lo estrictamente ‘memorial’). Parafraseando al académico Roberto Matamala, estaríamos frente a un ‘canon fragmentado’. Por lo mismo, la lista de dramaturgos de lo que llamaríamos la Generación 2000 es larga.”

Otro ejemplo del teatro chileno que ha trascendido sus fronteras y cuyo reciente espectáculo ha sido producido por Festivales Internacionales como el de Edimburgo y Santiago a Mil, es el caso de Teatro Cinema, cuya particular estética ha podido ser apreciada en México y en al menos una decena de países. En fin, mucho por conocer aún de la dramaturgia y teatro chilenos.