La crítica: ¿Y si rompemos las reglas?

'If'... no está estructurada en la forma clásica, en actos; el planteamiento, desarrollo y clímax están en capítulos sustentados con golpes de efecto que hacen avanzar la historia.
If... una hazaña de Lindsay Anderson.
If... una hazaña de Lindsay Anderson. (Especial)

México

En este mes se cumple aniversario del nacimiento de un cineasta que logró revolucionar el cine británico en los años sesenta: Lindsay Anderson, padre del movimiento free-cinema. Escribió ensayos sobre cine en la revista Stand-up, en la que arremete contra el cine conformista y aboga con vehemencia por un cine libre, carente de "ismos".

En 1968 logró una hazaña: produjo y dirigió If...., en la cual hizo propuestas dramáticas que aún hoy son novedosas, como distanciar al espectador de la intensidad dramática con situaciones absurdas. Ganó la Palma de Oro en Cannes en 1969, y es el artífice del debut cinematográfico de Malcom McDowell.

El autor sabe dedicar tiempo a personajes secundarios como el subdirector, Jud, el recién ingresado o la chica de la cafetería, que no poseen importancia dramática, pero visten la película. Eso le da una audacia que no logra cualquiera.

If... no está estructurada en la forma clásica, en actos; el planteamiento, desarrollo y clímax están en capítulos sustentados con golpes de efecto que hacen avanzar la historia, que los autores no permiten caiga en el melodrama, porque prefieren el absurdo y, en consecuencia, la ironía, como es el caso del asistente que despierta al instructor para rasurarlo y luego le lleva un café mientras toma un baño sentado en la tina mientras ordena los estudiantes mayores a meterse en la ducha, o donde el director reconviene a los estudiantes mal portados exigiéndoles pidan perdón al párroco, y este sale del cajón de un armario.

El orden de los acontecimientos no son el abc, sino la necesidad de comprobar la premisa latente en toda la película: ¿y si rompemos las reglas? No solo se refiere
a los estudiantes como rebeldes clásicos o a los maestros que suben los pies al escritorio y dan zapes a diestra y siniestra, o a los instructores que utilizan el castigo físico para educar, sino también al creador, al que va contra el statu quo.

La secuencia del castigo a los jóvenes rebeldes es maravillosa: está llena de suspenso, pues solo escuchamos los azotes que dan los instructores; nos damos cuenta hasta que le toca a Mick, y es para dejarnos boquiabiertos.

El filme plantea que hay que saber dar órdenes para evitar la prepotencia, porque la disciplina en exceso genera anarquía; la idea principal es que la sabiduría produzca comprensión para evitar la intolerancia.

Lindsay Anderson grita desde mediados del siglo pasado que las estructuras cinematográficas deben existir sin reglas; si las hay, debemos saber romperlas.

If... (Inglaterra, 1968), dirigida por Lindsay Anderson, con Malcolm McDowell y David Wood.