La crítica: reversible

Para tomar consciencia del impacto humano sobre el planeta Tierra, no basta con conocer los problemas para culpabilizarnos al respecto.
La naturaleza reconquista su terreno.
La naturaleza reconquista su terreno. (Especial)

México

Cuando los ecologistas se refieren al impacto que han tenido las ciudades sobre los ecosistemas donde se han asentado, suelen analizar el daño ecológico desde dos puntos de vista: el cambio que las construcciones provocan al terreno y la desaparición del hábitat donde se desarrollaban las especies de plantas y animales desplazadas por las edificaciones y los pavimentos.

Es interesante considerar la magnitud de los efectos de la acción humana sobre la naturaleza, ya que nuestra capacidad de alterar grandes extensiones de tierra es mayor a la que muchos de nosotros creemos. Por ejemplo, la capa de hielo que antes cubría el 80 por ciento de la superficie de Groenlandia se ha ido reduciendo dramáticamente debido al calentamiento global. También el lago Baikal, en Siberia, el más profundo y uno de los más extensos del mundo, ha disminuido su extensión por efecto de las poblaciones cercanas, las cuales han vertido sus residuos al lago durante las últimas décadas, dando lugar a una plaga de algas verdes que amenazan con acabar con las especies de su flora y fauna acuática.

Ambos ejemplos fueron citados por la socióloga Saskia Sassen en su reciente conferencia en la Ciudad de México. Ella hizo hincapié en que desastres ecológicos como estos no han sucedido fortuitamente, sino que el ser humano los ha provocado: “No han sido accidentes, nosotros hemos hecho esto”, recalcaba enfáticamente.

Para tomar consciencia del impacto humano sobre el planeta Tierra, no basta con conocer los problemas para culpabilizarnos al respecto, sino también hay que preguntarse: ¿cómo pueden prevenirse futuros daños ecológicos? ¿El impacto de la urbanización es reversible?

Sin duda, todas las acciones humanas sobre el medio ambiente son reversibles, especialmente la urbanización. El problema es que el restablecimiento del equilibrio ecológico tomará demasiado tiempo para que nuestra civilización alcance a percibirlo. Por otra parte, el daño al medio ambiente es tan grande que nuestras sociedades consideran inútil modificar el sistema económico y social que las sostiene, a favor de la preservación de las demás especies vivas. Para revertir el proceso de urbanización, las emisiones de gas carbónico a la atmósfera, la devastación territorial de la industria minera además de otros fenómenos de alto impacto medioambiental, el sistema económico actual debería cambiar radicalmente, algo que se antoja casi imposible, dado el crecimiento tan acelerado de la población urbana global.

Los analistas de la economía urbana, la cual ya traspasó el umbral de la mayoría de la población mundial, ven el fenómeno de la
urbanización como una oportunidad de desarrollo económico lineal ascendente, y desde luego no lo enfocan como un problema ecológico.

La naturaleza tiene la capacidad de reconquistar su terreno ante la acción humana con relativa velocidad. Las ciudades y los edificios modernos requieren de mantenimiento constante para protegerlos de los elementos naturales que los erosionan. Basta dejar abandonada una casa por unos cuantos años para darse cuenta cómo la lluvia, el sol y el viento son capaces de derruirla y el modo en que las plantas y los animales se apoderan rápidamente de ella transformando los espacios domésticos en su nuevo hábitat.