La crítica: reconsiderar

El arquitecto Rodrigo Rivero Borrell, es un buscador incansable de inmuebles con valor patrimonial que sean susceptibles de ser transformados en viviendas y comercios rentables.
Recuperación, sinónimo de arquitectura.
Recuperación, sinónimo de arquitectura. (Especial)

México

Hace no mucho tiempo, los arquitectos prestigiosos evadían e incluso rechazaban encargos que no fueran obras nuevas o ampliaciones, siempre y cuando tuvieran la libertad de comenzar su proyecto a partir de un terreno baldío. Incluso ahora, el suelo edificable, uno de los bienes más escasos en la Ciudad de México, supera en valor a las construcciones preexistentes. Es común ver anuncios que pretenden vender “como terreno”, las casas catalogadas como patrimonio histórico en zonas tradicionales como Santa María la Ribera, o las colonias San Rafael, Tabacalera, Guerrero, Roma y Juárez, donde la demolición de dichos inmuebles es una violación a la ley. Hace algunos años comenzó a operar en la colonia Juárez, la compañía Re Urbano, que se dedica a la promoción inmobiliaria. Uno de sus fundadores, el arquitecto Rodrigo Rivero Borrell, es un buscador incansable de inmuebles con valor patrimonial que sean susceptibles de ser transformados en viviendas y comercios rentables.

En particular, un proyecto reciente llamado Havre 69 consiguió convertir un pequeño edificio del siglo XIX, que contenía cuatro apartamentos, en un conjunto de 12 viviendas, oficinas y dos locales comerciales, sin afectar la fachada y la integridad de la obra original, ni renunciar a la expresión contemporánea de sus autores. Para ello, los arquitectos Julio Amezcua y Francisco Pardo, de AT 103, combinaron los espacios del edificio preexistente con una construcción muy novedosa con espacios de doble altura, amplios ventanales, balcones y terrazas, construida en concreto aparente y hierro estructural.

A partir de esta exitosa experiencia, considero importante desclasificar a una obra de esta naturaleza con el dudoso término de
“remodelación”. En efecto, nuestra ciudad, con su tradicional costumbre de mantenerse a la retroguardia de los avances mundiales en arquitectura, denuesta toda arquitectura que no sea nueva y la mayoría de los desarrolladores y arquitectos prefieren demoler las construcciones antiguas, antes de usar su creatividad para integrarlas a sus proyectos, donde su trabajo conviva con sus antecedentes urbanos de manera equilibrada.

La lección que nos enseña este notable ejemplo es que las palabras como regeneración, reforma, readaptación, rehabilitación, reciclaje y remodelación deben dejar de ser categorías secundarias dentro de la construcción urbana. La recuperación de edificios históricos se habrá de convertir en sinónimo de arquitectura, si queremos que el futuro de nuestra ciudad no renuncie a su patrimonio cultural, lo deje de destruir y recupere la calidad espacial urbana y arquitectónica que tuvieron sus barrios originales.