La crítica: La perversa luminosidad

Angela Carter retrata a las princesas de los cuentos de hadas en un ambiente de perversidad en The Bloody Chamber.
El libro de Angela Carter.
El libro de Angela Carter. (Especial)

México

Se dice que la pregunta filosófica esencial es: “¿Por qué hay algo y no nada?”. En cambio, Foucault escribió que más bien a él lo que le interesaba pensar era: “¿Por qué lo que existe es así y no de otra manera?”, pensar los límites, las estructuras que nos permiten, como posibilidad, imaginar determinadas categorías u otras. De ahí su célebre pregunta: “¿Qué es el autor?”, pues Foucault veía en el autor a un mero referente puntual que aglutina ideas, ideologías, rasgos de una época, etcétera, y las plasma en una obra de la cual es tanto artífice como consecuencia.

La escritora inglesa Angela Carter es un ejemplo fascinante de lo anterior, en particular su libro The Bloody Chamber, donde toma cuentos de hadas ancestrales y los recrea con un giro gótico, dark, que oscila entre el erotismo virginal y lo sádico, fusionando justamente una tradición añeja de relatos universales con una mirada actual, implacable, que revela que debajo de las fantasías más inocentes se encuentran anhelos y pulsiones mucho menos blancas de lo que comúnmente creemos. Las doncellas inmaculadas se convierten en objetos de deseo carnal a causa de su hermosura, pero no es el amor lo que mueve a los galantes (o bestiales) príncipes, sino la lujuria y el afán de poseer aquello que todos codician, y Carter no les concede a las doncellas ni siquiera la estupidez para no darse cuenta de su situación, como muestra esta reflexión de una chica apostada por su padre que ha pasado a ser propiedad de una bestia con rasgos de tigre y máscara humana: “Porque ahora mi piel era mi único capital en el mundo y hoy haría mi primera inversión”. ¿Quién ha tenido el valor hasta ahora de retratar a las princesas de los cuentos de hadas como prostitutas cuyo padrote es su propio progenitor?

No nos encontramos aquí frente al cliché de que la realidad supera a la ficción sino, más bien, frente a un ejemplo inmejorable de cómo incluso dentro de los reinos de la ficción, tan amplios en teoría como la propia imaginación de quien escribe, los límites están trazados por aquello que la propia realidad nos permite imaginar. Angela Carter plasma a la perfección el inmenso poder de la alegoría: revelar en su cruda brutalidad las estructuras que los seres humanos creamos para organizarnos, someternos y torturarnos los unos a los otros, siempre delimitadas por aquello que somos capaces incluso de pensar: “…los hombres me negaban la racionalidad como se la niegan a todos los que no son exactamente como ellos, en toda su sinrazón”.