La crítica: El pan agusanado

La serie” RSA Animate” utilizaba una forma de comunicación multimodalidad, interactuando palabras con imágenes.
First as Tragedy, Then as Farce.
First as Tragedy, Then as Farce. (Especial)

México

Ya lo dijo Oscar Wilde: Es inmoral utilizar la propiedad privada con el fin de aliviar los males causados por la institución de la propiedad privada. Y antes que inmoral —señala Slavoj Žižek en su Primero como tragedia, después como farsa— empinado camino a la catástrofe. En la portada del libro adoptan los pasajeros las posiciones recomendadas “en caso de emergencia”. Cae el avión en picada.

Esta crítica del llamado “capitalismo cultural” se explora en una breve animación de la serie RSA Animate, a disposición del internauta. Serie que hizo escuela, desplegando una forma novedosa de comunicación multimodal.

La multimodalidad (interacción de la palabra con la imagen) es tan antigua como las iluminaciones de manuscritos bíblicos, tan moderna como el vanguardismo de entreguerras, tan actual como la presencia cada vez mayor de imágenes e ideogramas en las redes sociales.

El estilo RSA consiste en acompañar la voz del conferencista con la elaboración simultánea, sobre pizarrón blanco, de una historieta que ilustra y amplía el discurso, jugando con las palabras y dotándolas de claridad. La mano que mueve el plumón dentro del cuadro nos enseña cómo pensamos, a la vez que nos ayuda a pensar mejor. Resulta una macroviñeta tan plena como meridiana.

De la greñuda cabeza de Žižek sale un delta que sigue alargándose hasta convertirse en globo que es copa de árbol. Creciendo hacia abajo, sirve de cartucho el tronco en que aparece la palabra economía, en tanto que por las raíces va formándose la palabra caridad: elemento básico del sistema. A la sombra del árbol surge un Robin Hood llamado George Soros que regala por la tarde la mitad de lo habido por la mañana. Proceder a la antigüita. Ahora se hace el bien en el mismo acto egoísta de consumir.

Un cafecito Starbucks nos garantiza buen karma y los elefantes de África se prueban los zapatos lanzados en paracaídas por Toms. Pero los dibujos se vuelven más truculentos. El pan se agusana y en el ojo-moneda del “capitalismo global con rostro humano” se clava la flecha del nuevo apartheid.

¿Y el mundo del arte? Si el capitalismo se encarga de paliar sus propios estragos, el arte corporativo e institucional nos permite bellas experiencias de rebeldía. Por todos lados nos ofrece el régimen “cuestionamientos de la violencia”, “horizontes compartidos de la disidencia”, “confrontaciones al sistema”, “desafíos a la sociedad”. Dulce democracia.

De roer el hueso se trata. La censura va por dentro.