La crítica: De la ópera al bolero

La cantante nacida en Mérida ha interpretado los grandes roles de la ópera, pero también disfruta mucho la canción popular, especialmente la trova yucateca.
La soprano Alicia Cascante.
La soprano Alicia Cascante. (Especial)

México

Con una trayectoria que desde 1961 la ha llevado por los terrenos de la ópera, el oratorio y la zarzuela, y un repertorio que va del barroco a la música contemporánea, la soprano Alicia Cascante se formó bajo la tutela de una de las glorias de la ópera mexicana, Irma González. Docente en el Conservatorio Nacional de Música, forma parte del grupo Concertistas de Bellas Artes.

La cantante nacida en Mérida ha interpretado los grandes roles de la ópera, pero también disfruta mucho la canción popular, especialmente la trova yucateca. Canciones de amor y desamor, su tercer y más reciente disco, es prueba de ello. Incluye piezas como “Amor fascíname”, “Tu voz”, “Sortilegio de amor”, “Como yo te amé” y “Remolino”, las cuales nunca había cantado, salvo “Cómo han pasado los años”. Producción independiente, como sus dos álbumes anteriores, Canciones de amor y desamor se vende en las presentaciones de la soprano, acción a la que denomina “una labor de hormiguita”.

Si algo distingue este tipo de canciones, dice Cascante, es que abordan “el amor, que es un tema universal. El amor es algo que nos envuelve todo el tiempo, aunque también el desamor”. Si en la ópera la cantante vive los personajes que interpreta, en el caso de estas canciones ocurre algo semejante, aunque en otro sentido, agrega. “Obviamente la ópera es teatral, mientras que en estas canciones le canto a la gente y, al mismo tiempo, de alguna manera involucro mi experiencia personal. Uno se refleja en las canciones porque el amor y el desamor son temas que nos atañen a todos, siempre están vivos”.

La soprano afirma que en su canto es diferente en este contexto. Desde que llegó al estudio el productor José Luis Garay le advirtió: “Bellas Artes no existe aquí, está afuera. Aquí te tienes que bajar del Olimpo”, porque ella quería modular la voz como si fuera ópera. “Y tiene razón: no se puede interpretar a Manzanero como si fuera Puccini o como Manuel M. Ponce, a pesar de que los dos son románticos. Una maestra de la escuela que escuchó el disco me dijo que no parecía cantante de ópera, pero es que en la ópera se tiene que proyectar la voz para que llegue hasta la última butaca, mientras que en las canciones populares el canto es más natural.”

“Mi romance con la música del alma se origina en el manantial de sensibilidad que es la trova yucateca. Aun cuando he transitado por los caminos de la ópera hasta alcanzar niveles gloriosos, siempre he propiciado el reencuentro con la música de nuestra tierra”. Canciones de amor y desamor es un tributo a esa sensibilidad.