La crítica: La narración oral, marginada /II

Las historias, mitos y leyendas han tenido en nuestro país una tradición desde tiempos prehispánicos, y se han perpetuado en ámbitos rurales y urbanos a través de la palabra de los abuelos.
Suceso cultural contemporáneo.
Suceso cultural contemporáneo. (Especial)

México

La narración oral escénica (también conocida como cuentería o cuentacuentos), decíamos la semana pasada, ha sido territorio de nadie. Herramienta de fomento a la lectura o subejercicio teatral, este indudable formato escénico ha comenzado a construir un discurso reflexivo a manos de sus practicantes, que padecen ese no sentirse ni carne ni pescado. Si bien un número importante de narradores proviene de formación teatral, otros han desarrollado sus habilidades a partir de la praxis. En 2012, Babieca Ediciones, en La Habana, recopiló una serie de ensayos sobre narración oral en el libro El árbol de las palabras, y en algunas universidades europeas ha surgido interés académico en su estudio. Colombia, Brasil, Chile, Argentina y México son países donde el desarrollo de la narración oral escénica (que no tiene —y sí— nada que ver con la denominada narraturgia) de los años recientes se va perfilando como una disciplina en vías de consolidación.

Las historias, mitos y leyendas han tenido en nuestro país una tradición desde tiempos prehispánicos, y se han perpetuado en ámbitos rurales y urbanos a través de la palabra de los abuelos. La canción cardenche de Coahuila y las pirecuas de Michoacán, son finalmente relatos cantados cuya permanencia está en peligro. ¿Hasta dónde son también narración oral? Recuerdo de mis años adolescentes de excursionista a un cuentacuentos y campesino morelense, don Próspero Hernández, que pasaba sin advertencia del relato al canto y del canto al relato sin mediar justificación (ni necesitarla) al calor de la fogata y los mezcales, creando un todo indivisible. Puede ser que 80% de los mexicanos nunca hayan entrado a un teatro, pero dudosamente alguno no ha vivido la experiencia de ver-oír una narración oral.

Para la mexicana Marilú Carrasco el “gusto de compartir la ficción hecha verdad por quien narra y por quien oye sedimentó el resurgimiento de la oralidad artística como un suceso cultural contemporáneo llevado a la escena, que privilegia la comunicación directa entre emisor y receptor”. En el texto Los caminos del teatro narrazione, el italiano Gerardo Guccini define al practicante de la narración oral como aquel que “exhibe escénicamente una identidad no sustituida”. Es decir, explica Carrasco, “no representa a un personaje, narra desde su personalidad, desde su imaginario y su intimidad, entregándose a través de la voz, la mirada, el gesto, utilizando otros códigos además del lingüístico: paralingüístico, kinésico y proxémico...”.