La crítica: manifestación

Las manifestaciones son reacciones que se suscitan ante el hartazgo de los afectados por las crisis sociales.
Marchas: barómetro del espacio público.
Marchas: barómetro del espacio público. (Mónica González)

México

Vivimos tiempos en los que las movilizaciones sociales tienen un papel definitivo en muchos aspectos de la política y la sociedad. La calle es testigo irrefutable del clima social del país y es ahora cuando mayor sentido tiene reflexionar sobre el significado y el valor del espacio público. Sin duda, la ocupación de las calles y plazas para protestas es la única herramienta política con la que cuenta el pueblo para exigir justicia. Esto lo hemos verificado en México durante las últimas semanas, pero no es un fenómeno exclusivo de nuestro contexto, porque también en Hong Kong la toma de las calles recientemente tuvo un fuerte impacto político.

Las manifestaciones son reacciones que se suscitan ante el hartazgo de los afectados por las crisis sociales, pero también son prácticas políticas habituales en las agendas de los grupos activistas. No hay que olvidar que el crimen que disparó la presente insurrección comenzó con la intención de los estudiantes normalistas de manifestarse en contra de la mujer del ex alcalde de Iguala. Desde luego la represalia fue con creces desproporcionada a la supuesta ofensa y deberá ser castigado hasta el último responsable.

¿Por qué temen tanto las autoridades a las manifestaciones multitudinarias? Las razones seguramente son de diversa naturaleza y se verifican en distintos niveles y plazos. Provisionalmente podría decir que el principal temor del gobierno a las manifestaciones es su impacto mediático a nivel nacional y más allá de nuestras fronteras. Me parece que la visibilidad es la lógica misma que motiva a los manifestantes a salir a la calle. Probablemente otra razón del temor de las autoridades a las movilizaciones sociales es la pérdida de control sobre las situaciones de violencia que, desgraciadamente, conllevan algunas protestas.

En un Estado totalitario las manifestaciones están prohibidas y la libre asociación está radicalmente limitada. Dichos regímenes reprimen cualquier tipo de expresión pública de descontento y ejercen control policial sobre cualquier posibilidad de insurrección que pueda desestabilizar al gobierno.

Afortunadamente vivimos en un país donde la represión no alcanza los niveles en los que se encontraba hace unas cuatro décadas. En México el derecho a manifestarse —que de ninguna manera justifica el vandalismo— es la principal herramienta de cambio social. Respeto plenamente a quien utiliza este derecho constitucional para exigir justicia de modo pacífico, pues refuerza el valor de los derechos civiles y representa a todos aquellos a quienes ha perjudicado la deficiente labor del Estado mexicano para cumplir su deber fundamental: garantizar la seguridad de todos los ciudadanos.