La crítica: En un libro como éste

Que qué hago yo, usted, el lector, en ¿Qué hace usted en un libro como éste?, el nuevo de Villarreal, armado con 15 textos.
Rogelio Villarreal, "¿Qué hace usted en un libro como éste?", El Salario del Miedo,  México, 2015, 200 pp.
Rogelio Villarreal, "¿Qué hace usted en un libro como éste?", El Salario del Miedo, México, 2015, 200 pp. (Especial)

Qué hace el lector, usted, yo, en un libro como éste, el nuevo de Rogelio Villarreal (Coahuila, 1956), escritor y periodista cultural de marcada presencia en la promoción de espacios de reflexión libres, ajeno a la cochina costumbre de atender solo lo nuestro y denostar lo ajeno; impulsor de revistas como, obligadas referencias, La Regla Rota, La Pus Moderna y Replicante, esta última en versión digital muy destacada y atendida desde cualquier observatorio, con lo que vence las limitaciones eternas de la distribución de los impresos, aunque también inadvertida y descalificada por parte de otros, pero sitio idóneo para grandes trabajos periodísticos y de ficción narrativa, como los de él mismo; además de alguien preocupado por la discusión del estado actual del periodismo mexicano, específicamente el cultural, con ello un desmitificador de aquellas presencias, nacionales y externas, que durante años muchos vieron como modelos a seguir, sin importar la utilización de la verdad, la distorsión de ella, para el presupuesto propio de sus fines, aunque eso sí, haciendo a un lado sus condición personal y circunstancias más particulares.

Que qué hago yo, usted, el lector, en ¿Qué hace usted en un libro como éste?, el nuevo de Villarreal, armado con 15 textos, sin desperdicio ninguno de ellos, es decir, escritos donde se aportan información, datos, contexto, sensaciones, imágenes, sucesos, percepciones varias, por supuesto que la propia, que pueden abrazar la llamada nota roja, la crónica de viaje, el texto a polemizar y las evocaciones familiares; crónicas que rescatan muchas realidades, es verdad, pero que al hacerlo desde la sinceridad transparente de su redactor, nos colocan a cada uno de nosotros, Villarreal en primer plano, en el territorio mismo del hecho, sea éste el Nuevo Brasil, bar de la capital regiomontana donde la cerveza se bebe a medida de caguama, los pasillos de la FIL Guadalajara, donde relumbra el desfile de las vanidades, la calle Corrientes de Buenos Aires, donde existen más librerías que en toda México, o en las habitaciones de la casa familiar a las que Villarreal nos convida, como a la vida real, en sorprendente acto de transparencia, bien diríase que de reconciliación, en días que leo en Pureza (Jonathan Franzen) eso de que los débiles se aferran a sus rencores, los fuertes perdonan; y donde puede encontrarse la respuesta a la pregunta que se plantea en el mismo título de este libro, en espera de una advertida novela, y también manifestación en contra del menosprecio del relato personal, sobrevaluado y menospreciado en la tradición mexicana, como dice el prologuista Eduardo Huchín Sosa.