La crítica: los guiones de José Emilio /II

“El Santo Oficio” es otra de las películas escritas por José Emilio Pacheco y dirigida por Arturo Ripstein, caracterizadas por el abuso del poder y la sinrazón.
Línea dramática estructurada in crescendo.
Línea dramática estructurada in crescendo. (Especial)

México

No tengo la menor duda de que El Santo Oficio es la mejor película de Arturo Ripstein por varias razones: muestra a un cineasta preocupado por resolver su narrativa con un estilo particular; la puesta audiovisual es diferente a lo que se hacía en los años setenta en la industria nacional, aquí, como en El castillo de la pureza, evita la música en el desarrollo de las secuencias, lo que otorga al silencio e incidentales un realismo sobrecogedor y hace que la atmósfera se vuelva tan asfixiante que un toquido de puerta en la noche sea sinónimo de terror, pues los únicos que tocan a esa hora son los del Santo Oficio.

La producción está cuidada hasta en el mínimo detalle, como el sambenito que usa Luís de Carvajal, la impecable escenografía, ambientación y decoración levantada en los foros, así como las bien escogidas locaciones naturales; no podemos pasar por alto las tonsuras de los sacerdotes, sobre todo la de Alonso de Peralta, que ejerce su poder sin ninguna clase de miramiento, elementos que convierten a la película en un espectáculo dantesco.

El guión cinematográfico de José Emilio Pacheco que hace gala de un meticuloso trabajo de investigación sobre la vida y costumbres de la Nueva España de fines del siglo XVI y su línea dramática estructurada in crescendo, hace  sentir que los personajes están en movimiento, que son capaces de abjurar para evitar la tortura, pero siguen creyendo en su fe, a pesar del peligro que corren.

¿Qué hay en el guión de El Santo Oficio? Traiciones: Gaspar, el hijo mayor de la familia Carvajal, sacerdote de profesión, denuncia a su madre y a sus hermanos ante la Inquisición por no acatar los preceptos cristianos; el judío enfermo se salva de morir por convertirse al cristianismo y denuncia a Luís y a su familia. Hay espionaje: fray Hernando tiene la orden de infiltrarse en la celda de Luís para escuchar lo que diga el prisionero y sentenciarlo a la hoguera. Hay tortura, la que sufre doña Francisca, y solo oímos los gritos de clemencia para sentir que estamos en un campo de concentración nazi. Hay suspenso: Baltasar es el único que logra escapar porque se esconde atrás de la chimenea. 

En El Santo Oficio también están los temas que caracterizan las películas que escribió José Emilio Pacheco: la intolerancia, el abuso del poder y la sinrazón, males que hoy en día distan mucho de ser superados.

Imposible negar el gusto que proporciona ver una ficción mexicana de los años setenta bien ambientada en la época colonial.

“El Santo Oficio” (México, 1974), dirigida por Arturo Ripstein Rosen, con Jorge Luke y Diana Bracho.