La crítica: “El grillo”

Suzanne Lebeau muestra en su libro que la infancia no es como la pintan los adultos.
Estética que exige concentración.
Estética que exige concentración. (Especial)

México

Recuerdo la confesión atormentada que una amiga muy querida me hacía de cómo, cuando pequeña, el patito que le habían regalado dejó de respirar porque lo había apretado muy fuerte. La emoción de tenerlo (le “daba cosa”, en el sentido de ternura y fascinación) la llevó a asfixiarlo. Ese fue su primer contacto con la muerte, producida por manitas propias. Otra gran escritora me hablaba de la enorme culpa que sentía porque un día, al irse de vacaciones, su padre había dicho: “Guarden todo lo que se eche a perder en el refri”, y ella guardó a su gato. Al regreso de la playa encontraron al minino hecho paleta y nunca se lo pudo perdonar. Claro que este caso es más bien un accidente pero, al mismo tiempo, tiene que ver con las ansias de conservar y atesorar a su mascota. Yo no quiero ni acordarme de las maldades o accidentes que hice a las cientos de mascotas que tuve cuando pequeño aunque las amaba.

El grillo, de Suzanne Lebeau, pertenece a la serie de “cuentos de niños reales” en los que la escritora quebequense ha querido mostrarnos que la infancia no es el territorio de la inocencia esterilizada que tanto le gusta a los adultos inventarse. Suzanne (Una luna entre dos casas, El ogrito, etcétera) es quizá la dramaturga que escribe para joven público con más influencia en la actualidad. En Hispanoamérica ha dejado su impronta porque forma parte de las lecturas que propiciaron un cambio radical en la forma de concebir el teatro que se dirige a los niños y que en México ha vivido una verdadera y sorprendente revolución. Escrito como una especie de poema narrativo, El grillo nos conduce dulcemente por una geografía rural y pacífica que es el marco donde se desarrolla la vida del pequeño protagonista. Descubriendo el mundo, haciéndose de un mapa sensorial, el pequeño niño va encontrando a los otros seres que lo habitan y le provocan curiosidad. Al final el espectador, que ha sido llevado muy sutilmente, se encuentra con la crueldad infantil (a veces accidental) y sus propios recuerdos.

A partir de un taller de teatro de papel impartido en 2011 en la UAM por Alejandro Benítez, Sandra Rosales comenzó a trabajar el proyecto de El grillo creando una estética muy particular que exige de los niños y adultos una concentración importante en un trabajo de una belleza enorme. Lorena Bojórquez o Ana Zavala acompañan en escena a Rosales en esta aventura de papel que atrapa las miradas y estruja el corazón sin necesidad de tremendismos. Para seres humanos a partir de 1 año hasta 100.

Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico, Revolución 1500, colonia Guadalupe Inn. Domingos, 13:00 horas.